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Chambord o el ingenio de sus proezas arquitectónicas

Hace quinientos años (o casi) se iniciaba la construcción de esta joya del Renacimiento. Construido por expreso deseo de Francisco I, que deseaba dejar constancia en piedra de su gran poder, el Château de Chambord es toda una proeza arquitectónica que marcó el paso de la Edad Media al Renacimiento. Damos un repaso a los detalles del que sigue siendo, todavía hoy, uno de los castillos más misteriosos del Loira.
Un plano en cruz griega inédito

Aunque se desconoce la identidad del arquitecto que diseñó Chambord, el ingenio de Leonardo da Vinci planea sobre la concepción del castillo, a pesar de que las obras se iniciaron seis meses después de su muerte. El monumento concentra así multitud de elementos innovadores para la época, empezando por el plano centrado en cruz griega de la torre del homenaje en torno a la cual se construye el castillo. Esta disposición nunca vista en Francia está, sin duda, inspirada en Italia.

Una escalera «mágica»

Entre las numerosas innovaciones de Chambord, la escalera de doble hélice es, sin lugar a dudas, la más destacada. Pieza central de la torre del homenaje y, por tanto, del castillo, simboliza la renovación perpetua. Esta escalera, que permite que dos personas puedan subirla al mismo tiempo sin cruzarse jamás, fascina desde siempre a los visitantes de Chambord.

Una bóveda esculpida

En la segunda planta de la torre del homenaje, la mirada se queda prendada de la inmensa bóveda con artesones en arco segmentado adornada con los emblemas de Francisco I, es decir, la letra F y la salamandra, un pequeño anfibio que encontramos por doquier en las paredes y los techos del castillo. Muestra de la voluntad del soberano de dejar su huella en Chambord.

Ornamentación medieval

Aunque Chambord es un digno representante del Renacimiento, en su estructura encontramos elementos medievales. Es el caso de la ornamentación de las partes superiores de la torre del homenaje y del castillo, cuyas chimeneas y otras torretas con escaleras en espiral evocan el estilo de los castillos fortificados. Un decorado profuso que contrasta con la sobriedad de las fachadas.

Unas buhardillas muy elaboradas

Chambord oculta tesoros arquitectónicos incluso bajo sus cubiertas, como las buhardillas del torreón oeste de la torre del homenaje y su carpintería de madera de siglo XVI. Un secreto bien guardado reservado a los visitantes más avezados que se decanten por las visitas guiadas más «insólitas» y «detalladas».

Chambord: residencia de los reyes

Encargada por Francisco I, que quiso hacer de Chambord un símbolo arquitectónico de su poder, la construcción del castillo continuó tras su muerte. El parque de Chambord se lo debemos a Gastón de Orleans, hermano del rey Luis XIII. Las obras de construcción y acondicionamiento del castillo no finalizaron hasta el reinado de Luis XIV.

Chambord siguió seduciendo a las cabezas más coronadas e insignes. De este modo, el castillo acogió al rey de Polonia, suegro del rey Luis XV, durante su exilio, así como al mariscal de Saxe, artífice de los jardines a la francesa.

En 2019, con motivo del 500º aniversario de la colocación de la primera piedra, Chambord sumerge a sus visitantes en la corte del Rey con un nuevo itinerario de visita firmado por el decorador Jacques García.