Pequeños placeres de otoño al estilo vasco

Rojo como la guindilla de Espelette, marrón como el chocolate de Bayona o dorado como un pastel vasco… En otoño, el País Vasco se viste con nuevos colores al ritmo de las fiestas gastronómicas dedicadas a los productos de la tierra. También aprovechamos para llenarnos de sensaciones entre experiencias gustativas, curas marinas, puestas de sol espectaculares y paseos por la ciudad en busca de un estilo vasco tan ecléctico como único.

Entonarse con un pastel vasco

Redondo y dorado, el pastel vasco consigue alegrar cualquier día de otoño. Emblemático del País Vasco, el “biskotxak” nació en Cambo-les-Bains, donde es celebrado todos los años a comienzos de octubre con la fiesta del pastel vasco.
Es el momento de aprender a dominar la receta sumamente codificada de este postre, que fue perpetuada por las “hermanas Biskotx”a principios del siglo XX: crema pastelera o mermelada de cerezas negras para el relleno son las dos variantes autorizadas por la tradición. A comparar con las infinitas variedades creadas por pasteleros llenos de imaginación: chocolate, avellanas o cítricos… ¡El pastel vasco llena de alegría el otoño con todos sus sabores!

Derretirse con el chocolate en Bayona

En Bayona, repasamos el diccionario gastronómico del País Vasco. ¡Antes de la “J” de “jamón”, está la “C” de “chocolate”! Fue en el barrio de Saint-Esprit donde el chocolate de los aztecas llegó a Francia a comienzos del siglo XVII, a través de los judíos españoles y de los portugueses expulsados por la Inquisición.

En bebida, tableta o incluso en ramo: las grandes casas perpetúan los secretos de los fabricantes de chocolate convertidos en maestros del arte de la transformación del haba de cacao. A comienzos de noviembre, la fiesta del chocolate revive la epopeya de este preciado dulce con talleres y paseos gustativos. ¡Para derretirse aún más por Bayona!

Con la boca abierta ante la puesta de sol

De Anglet a Hendaya, los 40 kilómetros de litoral del País Vasco ofrecen una infinidad de lugares donde contemplar el océano al atardecer. Para quedarse anonadado con la puesta de sol, hay que subir las escaleras de la Costa de los Vascos en Biarritz: allí podrás tomar una copa observando el astro hundirse en el mar.

En Anglet, se disfruta además de unas bellas vistas del faro de Biarritz. Y en San Juan de Luz, la punta de Sainte-Barbe revela los meandros de la bahía, desde Ciboure hasta la montaña de La Rhune. ¿Y por qué no subir hasta la cima? A 905 metros de altura, el panorama de 360° se extiende hasta el océano si el tiempo acompaña.

Calentarse con la guindilla de Espelette

¿Has probado la guindilla de Espelette? Entera o en polvo, esta especia, la única de Francia con “Denominación de Origen Controlado”, no ha esperado a la consagración de los grandes chefs para condimentar las recetas vascas, de la “piperade” (revuelto de pimientos y tomates) a la “axoa” (picadillo de ternera). Desde el siglo XVII, el pueblecito de Espelette vive al ritmo del cultivo de este fruto de origen mexicano.

En otoño, decenas de ristras de color rojo vivo visten las fachadas de las casas, mezclándose con los muros de color sangre de buey. Es la época del secado de la guindilla, que termina con una gran fiesta a finales de octubre, con bandas de música, coros masculinos, bailes tradicionales, pelota vasca y bendición de las guindillas al salir de la misa.

Llenarse de energía con una cura marina

En el entorno acogedor de los centros de talasoterapia, la costa vasca renueva la tradición de los baños en el mar de la época del Segundo Imperio.

Alternamos el baño hidratante con mantequilla de karité sobre arena caliente y la crioterapia en el Sofitel Biarritz Le Miramar Thalassa Sea & Spa; nos iniciamos a la medicina asiática en el Thalasso Blanco Hendaye entre masaje taoísta, cura ayurvédica y masajes del mundo o en el Atlanthal Anglet durante una escala zen, y combinamos talasoterapia y marcha dinámica en el Thalmar Biarritz, para perfeccionar la cura de cultura vasca.

Perfeccionar el estilo en las ciudades

¿Neo-renacentista, neo-vasco, Art Déco o Belle Époque? Al pasear por las ciudades, se explora la increíble profusión de estilos arquitectónicos del País Vasco, entre las mansiones extravagantes en Biarritz, las fastuosas residencias de armadores en San Juan de Luz y las casas con entramado de madera llenas de colorido de Bayona...

Y perfeccionamos nuestro estilo realizando compras en unas tiendas que revisitan las alpargatas, los tejidos vascos o la tradicional boina. Entre dos locales de creadores, no olvidamos llenar el zurrón con delicias comestibles: mercados gastronómicos o ultramarinos finos, siempre hay un buen motivo para seguir la moda vasca.

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