24 horas de pausa encantada en Le Vieux Castillon

9 horas: un rinconcito precioso

Materias brutas como la piedra caliza y la madera dorada, una paleta de colores claros declinados a partir del blanco de la cal y unas líneas depuradas firman una decoración suave como la seda. El ambiente apacible de las habitaciones de Le Vieux Castillon evoca un preciado escondite cuando el sol empieza a inundar la campiña del Gard. Disfrutamos del lugar antes de salir a recorrer las callejuelas del pueblo de Castillon-du-Gard o visitar el Puente del Gard situado a unos kilómetros. A menos de preferir la piscina…

11 hora: un baño de luz

13 horas: comida a la vista

Se accede hasta él por un puentecito que se extiende sobre el viejo pueblo, desde donde se perciben unas gárgolas y unas linternas de cobre. La Table du Castillon estimula los sentidos antes incluso de que la carta revele los platos propuestos. Aquí, el chef Benoit Dahai revisita una cocina basada en el terruño de Provenza, teniendo como platos estrella el cordero tierno de Provenza, una dorada asada o carne de toro de Camarga. A saborear en la terraza con vistas o en la acogedora sala interior con un ligero espíritu escandinavo.

15 horas: pausa fresca en el patio

Un olivo escultural despliega sus ramas en arabescos en el patio interior y tamiza la luz del Mediodía. Es una sombra bien recibida, mientras que los laureles rosas y cipreses exhalan su perfume de flores y de clorofila. El patio, quintaesencia de las casas mediterráneas por su intimidad y su frescor, revela todos sus encantos. Unos cojines, unos pufs bereberes y unos canapés mullidos invitan a la lectura o a la siesta, acunados por el arrullo de las cigarras en medio de un ambiente “bohemio-chic”.

18 horas: relajarse en el spa