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Visita
Francia 

Recorrido por los lugares culturales de excepción o paseo por las cumbres. En pareja por la ruta de los vinos o de crucero con los niños… ¿Qué viaje por Francia harás en esta ocasión?

Nuestros 6 lugares favoritos para admirar la puesta de sol en Martinica

La playa de Les Salines, lugar de visita obligada en La Martinica.
El cielo se viste en tonos malva, violeta o dorados. Las colinas y la Montaña Pelée parecen esculpidas por una luz cobriza. Las fragancias, los sonidos y el frescor de la tarde… Estos son algunos de nuestros sitios favoritos para disfrutar en Martinica de los preciosos momentos de la puesta de sol.
El más contemplativo: Le Carbet

En la ensenada de Marigot, cerca del pueblo de Le Carbet (no lejos de San Pedro), nos instalamos sobre una plataforma acondicionada para disfrutar de las vistas. Desde este promontorio rodeado de una vegetación más bien escasa, como levitando sobre el mar, nos sentimos en el fin del mundo… o en la cubierta de un barco que navega por el Caribe. A lo lejos, una vela blanca captura los últimos rayos de sol. A continuación, el cielo engalanado de nubes se tiñe de tonos rosa y violeta… Más tarde, podremos cenar en la playa de Le Carbet un pescado a la plancha o un pollo con leche de coco, en una choza a orillas del mar.

El más festivo: en Grande Anse d'Arlet
Puesta de sol en Les Anses d'Arlet, en el oeste de la isla.

Les Anses d'Arlet, con sus barcas de colores varadas en la arena y rodeadas de verdes montañas, no solo es uno de los lugares más encantadores de Martinica en la costa oeste. Con los pies en la arena, en la terraza de uno de los bares-restaurante de Grande Anse, podremos admirar la puesta de sol mientras saboreamos unas deliciosas acras de bacalao. El largo pontón que se adentra en el mar y la iglesia de color teja con su estilizado campanario completan el decorado. Nos encanta el ambiente de esta playa, muy animado durante el fin de semana y a última hora de la tarde.

El más exótico: en los jardines de Balata

Prolonga tu visita a los jardines de Balata, este impresionante parque botánico encaramado en las alturas de Fort-de-France, antes de su cierre a las 18:00 horas. Desde los puentes colgantes, nos maravillamos ante las frondosidades tropicales, los bambúes, los helechos arborescentes y otras variedades de palmeras, que se recortan sobre un cielo que se vuelve violeta por momentos. Escuchamos el canto de los pájaros que se intensifica con la llegada de la tarde y con la deliciosa sensación de sentirnos en pleno corazón de un mundo vegetal que se transforma con la llegada de la noche.

El más propio de "una postal": en la playa de Les Salines
La larga playa de Les Salines y su arena coralina.

Para encontrar cocoteros inclinados sobre el agua, arena blanca y aguas turquesa, acudimos a la playa de Les Salines, la más famosa de Martinica por su ambiente 100 % tropical. Se encuentra situada en la punta más meridional de la isla, muy apreciada por las largas extensiones de arena coralina. Al caer la tarde, cuando una luz canela baña la orilla y el Rocher du Diamant fija la mirada en el horizonte, sobrecoge la belleza del lugar. También es un momento privilegiado para disfrutar prácticamente en soledad de esta playa muy frecuentada durante el día.

El más virgen: en Anse Couleuvre

Entre la localidad de Le Prêcheur y Grand'Rivière, en el noroeste de la isla, se oculta una costa virgen bordeada de acantilados y ensenadas de arena negra acariciadas por un bosque que refleja en el agua su color esmeralda. Accesible a través de una pequeña carretera de curvas sinuosas, la ensenada de Couleuvre, la más occidental, se agazapa en un circo rocoso. Muy bien conservada debido a su apartada ubicación, la visitan más pájaros que personas. En el momento del crepúsculo, los contrastes entre arena negra y espuma blanca impresionan.

El más romántico: en el mar
Paseo en barco con el famoso Rocher du Diamant en el horizonte.

Subimos a bordo para dar un paseo en barco al atardecer. Iniciamos este paseo de matices yodados en Fort-de-France, Les Trois-Ilets o Case-Pilote, a bordo de un barco semirrígido o un viejo velero. Nos adentramos en el mar para descubrir la isla bajo esta bella luz: la luz del atardecer que hace resplandecer sus rojizos acantilados, crepitar su arena dorada y que realza la belleza escultural de la Montaña Pelée y las colinas circundantes.

Cómo llegar a Martinica 

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