7 pueblos encaramados a la montaña desde donde contemplar el Mediterráneo

¿Te gusta el litoral de la Costa Azul, sus playas, sus cabos, paseos marítimos, de Niza a Cannes? Te encantarán también las tierras del interior, con sus pueblos encaramados como un balcón con unas vistas increíbles al Mediterráneo y a los Alpes, a tan sólo unos kilómetros de la costa. Para tomar el fresco en altitud, relajarse en la terraza de un café, pasear por calles a la sombra y descubrir hermosos museos y lugares del patrimonio… Esta es nuestra selección.

Vence, la ineludible

Frente al mar, pegada a los “baous”, como se conocen aquí unos acantilados de cumbres llanas, Vence parece no haber sufrido el paso del tiempo. Uno pasea por unas pintorescas calles estrechas, de una casa medieval a una placita encantadora, entre tiendas y galerías. Al igual que Saint-Paul de Vence, sede de la fundación Maeght, situada a unos kilómetros, esta pequeña localidad de la Costa Azul es la favorita de los artistas y artesanos. Matisse construyó aquí su Capilla del Rosario, conmovedor edificio blanco con sus tejas barnizadas de azul y sus vidrieras que filtran la hermosa luz de la Costa Azul.
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Èze Village, el nido del águila

Es una pequeña localidad medieval encamarada como el nido de un águila sobre el Mediterráneo que alberga un jardín exótico situado en las ruinas de una antigua fortaleza. El lugar donde está situado Èze Village es uno de los más bellos de la Costa Azul y el panorama es sin duda el más extraordinario de la región, dominando el Mediterráneo hasta el golfo de Saint-Tropez. Tiendas, artesanos, fábricas de perfume, hoteles y restaurantes con estrellas Michelin completan el decorado. Más abajo, Èze Bord de Mer no desmerece: se trata de una pequeña localidad costera con coquetas mansiones de la Belle-Époque.
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Gilette, un estilo de vida agradable

Al acercarnos a este hermoso pueblo situado a 400 metros de altura destacan sobre todo lo demás. En su espolón rocoso, las ruinas del antiguo castillo de l’Aiguille velan como hace 800 años sobre Gilette y sus habitantes. Se accede por unas callejuelas apacibles y llenas de colorido, reflejo del estilo de vida agradable y el gusto por las tradiciones. Lavaderos, fuentes, molinos de aceite y un pequeño Museo de los Oficios de Antaño ofrecen otras tantas visitas refrescantes e interesantes. Desde el mirador y la explanada del castillo, las vistas espectaculares del pueblo, las montañas, los ríos de los alrededores e incluso del Mediterráneo, a lo lejos, recompensan a los valientes.
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Cagnes-sur–Mer, la esteta

En Cagnes-sur-Mer, está la playa y Polygone Riviera, el primer centro comercial al aire libre. También hay, en las alturas, un auténtico pueblo medieval con su castillo-museo Grimaldi que domina el mar con todas sus almenas. Le Haut-de-Cagnes ha seducido a numerosas personalidades y artistas como el pintor Auguste Renoir, de quien puede visitarse la hermosa mansión en el Domaine des Collettes. En la gran plaza del pueblo, bordeada por calles peatonales con bonitas casas llenas de flores, resulta agradable asistir a una partida de petanca con los acentos del sur o admirar la puesta de sol.
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Carros Village, el pintoresco

Con las cumbres del Parque Nacional del Mercantour como telón de fondo, su arquitectura medieval tradicional, sus viejas casas y su castillo que alberga el Centro Internacional de Arte Contemporáneo, Carros Village se ha hecho acreedor de ser incluido en el inventario de lugares pintorescos de los Alpes Marítimos. A 400 m de altitud, ofrece a sus visitantes unas sublimes vistas de la llanura del Var, del mar hasta las cumbres de los Alpes.
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Tourrette-Levens, la blanca

A un lado el mar, al otro la montaña. Allí donde se posa la mirada desde las alturas de Tourrette-Levens, el panorama es excepcional. Extendiéndose alrededor de la torre cuadrada de su antiguo castillo que, según se dice, fue uno de los más prestigiosos de la región, el pueblo seduce nada más verlo. Murallas y viejas casas en piedra blanca se escalonan formando una composición perfecta. Tanta armonía hace que el visitante desee permanecer un rato. Una buena idea, ya que varios museos, de Historia Natural y Mariposas, de Oficios Tradicionales o de la Prehistoria reciben de forma gratuita a los visitantes.
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Falicon, el fortificado

Sobre una colina plantada con olivos e higueras, dominando la ciudad de Niza, Falicon parece velar sobre su gran vecina. Detrás de sus murallas que todavía cuentan con puertas fortificadas, el pueblo se descubre con esfuerzo, pero lo agradable del lugar permite olvidar la subida entre callejuelas con escalones, placitas adoquinadas, pasajes abovedados y casas barrocas con fachadas color pastel y sorprendentes frescos en trampantojo. Desde la meseta Bellevue, que lleva bien su nombre, “bella vista”, el panorama es sencillamente increíble.
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Cita en la Costa Azul  

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