Descubrir Grasse, capital mundial del perfume

Todo empezó en el siglo XVIII, cuando los artesanos de Grasse se especializaron en el arte de la extracción de los aromas para la elaboración de fragancias. Hoy, esta pequeña ciudad situada en la Costa Azul sigue perfeccionando estos procesos centenarios que van desde la recolección de las distintas variedades florales autóctonas hasta la creación de los más prestigiosos perfumes.

Quienes visitan la Costa Azul no suelen ser conscientes de que muchas de las fragancias que se exhiben en los escaparates de las más refinadas perfumerías de Niza o de Cannes se han creado a poca distancia de aquí. Y es que Grasse, la capital mundial del parfum, está situada a poco menos de una hora de Niza, una distancia más corta todavía si se llega desde Cannes, de la que solo la separan 18 kilómetros.

Mi idea esta vez es viajar hasta el Pays de Grasse (que además de Grasse incluye otras aldeas históricas vecinas) y hacer un recorrido por ese proceso mágico que convierte las flores locales en fragancias famosas en el mundo entero. Ya los antiguos egipcios usaban ungüentos y aceites aromatizados para sus ritos y ceremonias religiosas, pero también en las momificaciones, en medicina y en el arte de la seducción. Los griegos, a su vez, fueron tan aficionados al mundo de los aromas que desarrollaron todo un compendio de recipientes especializados para contenerlos. Los romanos fueron un paso más allá, pues no solo usaban esencias florales para oler bien, sino que también se teñían el pelo y se ponían cremas para protegerse del sol. Además introdujeron el vidrio a la ecuación: nacían así los primeros botellines de perfume.

Pero no sería hasta el siglo XVII cuando el arte de destilar los aromas se instaló en Grasse y se quedó en ella para siempre. Hasta entonces la ciudad era conocida por sus curtidores de piel y sus tintoreros. Pero de Italia llegó la moda de los guantes perfumados y algunos artesanos de la ciudad empezaron a aromatizar el cuero con esencias florales. Y el negocio fue imparable: a mediados del siglo XVIII, Grasse ya contaba con un buen número de especialistas en la extracción de materias primas como el jazmín o la rosa de mayo. Y unas décadas más tarde esta ciudad ya destacaba por ser la mayor productora de aromas del mundo.

El especial microclima de Grasse y de sus aldeas vecinas del Pays de Grasse también la hicieron propicia para el cultivo de las más delicadas flores: en 1900, las terrazas que rodean la ciudad ya contaban con más de 800 hectáreas de jazmín, 700 hectáreas de rosales y 65 hectáreas de nardos, además de numerosos campos dedicados a los naranjos, a la verbena, a las violetas o a la menta.

Cita en Grasse, en la Costa Azul