6 experiencias a no perderse entre Bastia y Cap Corse

Su Viejo Puerto, su Ciudadela y sus callejuelas en ocasiones empinadas abrazan el azul del mar Tirreno: Bastia abre una puerta espléndida sobre el salvaje y preservado Cap Corse. Esta isla dentro de la isla, en la que se alzan torres genovesas en medio de un paisaje de monte bajo, alberga ríos y bosques insospechados. Estas son las 6 experiencias que no hay que perderse para descubrir la ciudad y sus alrededores.

Una inmersión en la Ciudadela

Bastia debe su nombre a esta “bastilla” construida en el siglo XIV por los gobernadores genoveses sobre un promontorio. Protegida por las murallas, es un pueblo dentro de la ciudad. Cada callejuela conduce hasta un monumento, como la catedral Sainte-Marie que honra una Virgen de plata, el Oratorio de la hermandad Sainte-Croix que alberga bajo los estucos barrocos un Cristo negro o el imponente Palacio de los Gobernadores. Las pinturas del Museo de Bastia están expuestas bajo un jardín colgante que domina el Viejo Puerto. Desde el hotel de Gouverneurs se asiste al ballet de los vencejos en el cielo, a los movimientos de los barcos que entran en el puerto o a los saltos de los bañistas desde el malecón.

Sentarse en una terraza en la plaza Saint Nicolas

Un Napoleón de mármol de ocho metros de altura observa las maniobras de los ferries y de los cruceros. Detrás suyo, bajo una doble hilera de plátanos, se despliega un regimiento de sillas. Las terrazas ocupan todo el ancho de la plaza Saint Nicolas, una de las mayores de Europa. El cuartel general de la explanada es la tienda Cap Corse Mattei. Declarada Monumento Histórico por su fachada de los años veinte, la más antigua tienda de la isla propone degustaciones de productos locales en una decoración de tonos rojos y ámbar, como los aperitivos caseros.

Saborear un migliaccioli

Los sábados y domingos por la mañana, el mercado se celebra junto a la iglesia de Saint-Jean-Baptiste, la mayor de Córcega. Es el lugar de cita de los amantes del brocciu, de los quesos de cabra y de oveja y del cerdo nustrale, transformado en jamón, coppa y lonzo. Pero también de las migliaccioli, unas crêpes de queso. Las preparan delante tuyo y son deliciosas.

Visitar una casa de americanos

Los habitantes de Cap Corse que habían emigrado al Nuevo Mundo en el siglo XIX al regresar su tierra se construían unas enormes residencias, palacios rodeados de jardines tropicales. Rose-Marie Carrega es una aficionada al arte que organiza exposiciones bajo los frescos de su Villa Gaspari-Ramelli: “Quiero que todo el mundo pueda disfrutar de este patrimonio”. Sobre el hermoso pueblo de Rogliano, Paul Saladini abre a sus huéspedes las habitaciones intemporales del Palazzu Nicrosi.

Explorar el viñedo de Patrimonio

Los tintos a base de niellucciu, la uva reina de la denominación Patrimonio, y los blancos de vermentino son producidos en el Nebbio, la región de las neblinas. Porque el viento barre las parcelas de la más antigua denominación de origen corsa, entre el mar y la montaña a los pies del Cap Corse. Gracias a unas condiciones privilegiadas, 25 de las 35 propiedades son cultivadas con agricultura biológica, un récord.

Extasiarte ante Erbalunga

A diez kilómetros de Bastia, la antigua marina de Brando es el más antiguo pueblo costero del Cap Corse. Erbalunga te encantará con su torre genovesa y sus casas adosadas al esquisto pardo y verde. Se impone realizar una parada en un restaurante con los pies en el agua o en el modesto y simpático café Jeannot.

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