Le Voyage à Nantes, ¡es todo el año!

Allí, una estatua que parece querer escaparse. Aquí, un área de juegos lúdica y poética. En Nantes, el arte sabe sorprender a los paseantes cuando menos se lo esperan, gracias a una colección de unas cincuenta obras heredadas de las anteriores ediciones del Voyage à Nantes y que pueden contemplarse durante todo el año. France.fr te presenta sus preferidas. Abre bien los ojos…

La más alta: Le Nid, “el nido”, de Jean Jullien

Empezamos fuerte con esta “obra-bar” firmada por Jean Jullien, encaramada en la planta 32 de la torre Bretagne. Uno no sabe donde mirar, entre el inmenso pájaro blanco medio dormido en el suelo y las vistas sobre la ciudad que se extiende a tus pies. Por la noche, nos sentamos en uno de los sillones en forma de concha de huevo y disfrutamos de uno de los numerosos conciertos programados por Le Nid.

La más emblemática: Los Anillos de Daniel Buren y Patrick Bouchain

Desde hace más de 10 años, estos anillos, obra del artista plástico Daniel Buren y del arquitecto Patrick Bouchain, decoran el muelle de Antilles, a lo largo del Hangar à Bananes. Son 18 en total y ofrecen una doble perspectiva, a la vez arquitectónica sobre la ciudad y natural sobre el río. A la caída de la noche, se transforman en una aureola luminosa, tiñendo la punta de la isla de Nantes con tonos rojos, verdes y azules.

La más reciente: Le Belvédère de l'Hermitage de Tadashi Kawamata

Cada año, el recorrido perenne del Voyage à Nantes se enriquece con nuevas obras. Entre las novedades de 2019, el Belvédère de l'Hermitage del artista Tadashi Kawamata que se lanza desde lo alto de la colina Sainte-Anne. Alzándose a cerca de 20 metros del suelo, esta pasarela de 36 m de largo parece el nido de un pájaro desde donde pueden disfrutarse unas vistas incomparables de la ciudad y el río.

La más bestial: Les Machines de l’île

Este bestiario extraordinario no deja de sorprender. Sale directamente de la imaginación de Pierre Orefice y François Delarozière, unos constructores chiflados que han instalado su taller bajo las naves de los antiguos astilleros de la ciudad. No es infrecuente que algunas de estas máquinas vivas se escapen para disfrute de los niños pero también de los adultos. Entre las más conocidas, la preferida es el elefante de 12 metros de altura. Tampoco hay que perderse el Carrusel de los Mundos Marinos, verdadera escultura mecánica dedicada al mar, con pescadores de todo el mundo, un cangrejo gigante, un pez pirata y un calamar con retropropulsión.

La más sensacional: Paysage Glissé de TACT Achitectes y Tangui Robert

Durante la época de buen tiempo, el castillo de los Duques de Bretaña se transforma en un terreno de juegos para grandes y pequeños con su gran tobogán colgado sobre el foso, a 12 m del suelo. Uno se lanza en esta cinta de acero apoyada en la muralla de piedra esculpida para un viaje de 50 m que ofrece nuevas perspectivas del patio del castillo, los jardines del foso y la ciudad histórica. ¡Alucinante!

La más condensada: Micr’Home

Desde la calle se ve el interior de este sorprendente apartamento de tres plantas situado a 5 metros de altura y encajado entre dos edificios. Creado por Myrtille Drouet, Micr’Home propone vivir en la ciudad de un modo distinto, concentrando en 26 m², tres niveles y 2 metros de ancho todas las habitaciones de un apartamento. ¿Quieres probar a vivir en una casa de muñecas? Puedes hacerlo, reservando alojamiento para una o varias noches.

La más lúdica: el área de juegos de Kinya Maruyama

¿Quién ha dicho que el arte no es cosa de niños? Desde luego esa no es la opinión del artista japonés Kinya Maruyama que firma aquí un área de juegos a la vez lúdica y poética. Los niños se divierten a lo largo del cuerpo de este monstruo marino con cabeza de rinoceronte instalado en medio del parque Mercœur, en el centro de la ciudad.

La más irreverente: Éloge du Pas de Côté de Philippe Ramette

En la plaza del Bouffay, un extraño personaje en bronce parece decidido a escaparse de su pedestal de piedra. Este hombre vestido con traje de chaqueta, que tiene los rasgos del artista Philippe Ramette, representa la alegoría de “echarse a lado” y simboliza la audacia de la ciudad, su compromiso y su relación con la cultura. Su posición descentrada permite asimismo realizar unas fotografías muy originales. También se puede admirar una segunda alegoría realizada por Philippe Ramette en el Cours Cambronne. Se trata de la que representa la transgresión, personificada por una colegiala que escala un pedestal vacío.

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