Nos vamos de vacaciones al Grand Hôtel Barrière Dinard

Para su 160 aniversario, el Grand Hôtel Dinard se ha ofrecido un spa y una cura de juventud. Completamente restaurado tras cinco meses de obras, el primer hotel de esta localidad elegante de la Costa de Esmeralda, en Bretaña, ha revisitado su historia, diseminando en la nueva decoración referencias a los viajeros ilustres, miembros de la realeza, escritores, pintores o actores de cine que han contribuido a crear su mito.

Agatha Christie aprendió a nadar en la playa de l’Écluse, el aviador Roland Garros realizó aquí sus primeras exhibiciones aéreas y, mucho antes, los hermanos Lumière experimentaron la fotografía en color en la cueva de La Goule aux Fées, transformada para la ocasión en cámara oscura. Lo que da una idea del renombre que tenía Dinard durante a Belle Époque.

El primer hotel de Dinard

Puesta de moda a mediados del siglo XIX por los británicos que apreciaban la suavidad de su clima y su marco lleno de encanto frente a la ciudad corsaria de Saint-Malo, esta localidad de la Costa de Esmeralda se convirtió muy rápidamente en el lugar de cita de las élites europeas. Para alojar a todas estas celebridades, una mansiones con una arquitectura en ocasiones fantasiosa florecieron por todos los rincones de la costa. Entre ellas, un edificio pronto se convirtió en el centro de la vida mundana: primer hotel de la localidad en 1858, el Grand Hôtel de Dinard nunca dejará de ser la referencia.

Difícil elegir un entorno más icónico. Frente a las ventanas, una bahía grandiosa donde se dibuja el el cinturón de murallas de Saint-Malo se extiende a modo de panorama. Y muy cerca, las tiendas de rayas azules y blancas de la playa de l’Écluse evocan la moda de los primeros baños en el mar, cuando los caballos transportaban las cabinas de madera de las damas de la alta sociedad hasta la orilla. Una época de fastos que hace revivir una renovación elegante firmada por Alexandre Danan e inspirada a la vez en las raíces bretonas y en el espíritu de un período que en ocasiones tenía un toque de aventura.

La Costa de Esmeralda como inspiración

Los azules se escapan de las profundidades del océano, los verdes intensos hunden sus raíces en el bosque de Brocéliande, mientras que los tonos arenosos tejen una misteriosa armonía con las extensas playas de la Costa de Esmeralda. Nada más entrar, el vestíbulo invita a navegar a lejanos confines: las maderas preciosas laqueadas del mostrador como homenaje al casco de los barcos, tapices con colores cambiantes como el océano; el Grand Hôtel Barrière Dinard se transforma en un yate o en un desembarcadero que hiende las olas.

En las 86 habitaciones y suites, uno deja sus maletas recordando los viajeros de los tiempos pretéritos: en este universo sobrio y apacible, la decoración multiplica los guiños, con mesillas de tres patas en homenaje al mobiliario de viaje de las grandes expediciones o libros de escritores ávidos de exotismo… Por poco uno se imagina ver a Churchill jugar con su sombrero en la playa, en tonos sepia o blanco y negro como en estas viejas fotografías que decoran las paredes.

Con Kirk Douglas en el bar

En el 333 Café es otra leyenda la que figura en los marcos que decoran las paredes de rayas azules y blancas. En 1957, el actor estadounidense Kirk Douglas se alojó durante un mes en el Grand Hôtel mientras rodaba en la región la película “Los vikingos”. Así, el nombre del establecimiento está sacado del cóctel favorito del actor, el 333. ¿La receta? Un tercio de ginebra, un tercio de Cointreau y un tercio de zumo de naranja, todo ello mezclado con champagne.

Con sus amplios ventanales y sus fotografías de veleros, el restaurante George V, en su nueva decoración depurada, invita a realizar un periplo culinario alrededor del globo entre sabores del mundo, platos a compartir, cocina de los esencial y especialidades revisitadas.

¿El aire marino te inspira para descubrir nuevos horizontes? Nos deslizamos en un carro a vela la arena de la playa a marea baja o recorremos en bicicleta las callejuelas de Dinard en busca de las mansiones protegidas antes de embarcarnos para un periplo en barco haciendo cabotaje en las islas, entre arenas blancas y aguas color turquesa.

Piscina cubierta y solario

Pero para tener un agua a una temperatura tropical (28°) hay que dirigirse al recinto de tonos nacarados del nuevo spa Diane Barrière y su hermosa piscina cubierta. Durante el periodo de buen tiempo, la gran terraza solario se disfruta relajándose: nos llenamos de sol y de aire del mar contemplando el baile de las velas sobre el mar, una inconfundible tarjeta postal de un tiempo perdido que habríamos recuperado.

Cita en el Grand Hôtel Barrière Dinard, en Bretaña