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Francia 

Recorrido por los lugares culturales de excepción o paseo por las cumbres. En pareja por la ruta de los vinos o de crucero con los niños… ¿Qué viaje por Francia harás en esta ocasión?

Lo vi todo en Dijon… menos los viñedos

Vista desde la torre Philippe le Bon en Dijon
¿Acaso a veces lo mejor de un viaje no son esos desvíos inesperados? En Francia, también conviene experimentar los placeres de lo inesperado. Ella es de Amberes. Él de Bruselas. Se conocieron en París y decidieron pasar un fin de semana en Dijon. Pretendían disfrutar de los viñedos y las bodegas que rodean esta ciudad antigua y también de los famosos vinos de borgoña. Pero, en lugar de ello, hicieron un recorrido por sus espacios de arte, la ruta de los búhos y su sabrosa gastronomía (en especial, el bœuf bourguignon y el queso Charolais)… 
Día 1:

En cuanto llegamos, pensamos que nos resultaría más fácil orientarnos si tomábamos la ruta de los búhos. Cogimos un folleto en la Oficina de Turismo en la Rue des Forges (cerca de la Tour Philippe le Bon) e iniciamos esta ruta autoguiada de 22 etapas. Nos llevó por los monumentos históricos principales —la majestuosa entrada Porte Guillaume del siglo XVIII, la casa medieval Maison Millière— con sugerencias para realizar otras tres rutas circulares por la ciudad. Al parecer, da buena suerte tocar el búho situado en la Rue de la Chouette con la mano izquierda mientras se pide un deseo... ¡y por supuesto lo hicimos!

Visitamos la Catedral de Saint-Bénigne, muestra destacada del gótico flamígero y del románico construida en piedra caliza. La cripta de siglo XI de este edificio católico contiene los restos de un sarcófago del siglo II, que se cree contiene los restos de San Benigno de Dijon, mártir al que está dedicada la catedral. ¡Escalofrrrrriante!

Para ver algo menos morboso, pusimos rumbo al colorido tejado de azulejos en mosaico del Hotel Vogüé: una mansión privada del siglo XVII. La estética se basa en las referencias al Renacimiento italiano, aunque hoy su finalidad es menos glamourosa: alojar a funcionarios locales.

Seguidamente, nos fuimos a catar mostazas a la histórica tienda Moutarde Maille de la Rue de la Liberté. Me divertí un montón sirviendo mi propia selección de mostaza en un tarro de cerámica: un recuerdo local maravilloso. Los sabores eran increíbles: ¡Albaricoque! ¡Trufa negra! ¡Queso azul! Al parecer, los franceses combinan la mostaza con todo lo imaginable. ¡Pero qué delicioso! También pusimos rumbo al molino de mostaza Fallot, en funcionamiento desde 1840, para vivir la experiencia de la mostaza a fondo.

Descubrimos que Dijon contó, en otro tiempo, con 14 fábricas de pan de jengibre. La única que queda es Mulot & Petitjean, fundada en 1796. En 2017, la empresa inauguró un nuevo museo para poder descubrir los entresijos de este producto local elaborado a partir de harina de trigo. ¡Y compramos dulces!

Más tarde, pusimos rumbo al majestuoso y antiguo Musée des Beaux-Arts de Dijon, inaugurado en 1787. Está alojado en el Palais des Ducs, un lugar declarado Patrimonio Mundial de la UNESCO. Nos quedamos maravillados ante el desfile interminable de obras de arte que se remontan al siglo XVII, las cuales se acompañan de una impresionante colección de arte medieval y unos retablos absolutamente maravillosos. La sección Tombeaux des Ducs, repleta de elaborados monumentos funerarios en blanco y negro, fue especialmente memorable. La gente de la Edad Media no vivía mucho pero sabía marcharse a lo grande, eso sin duda.

Día 2:

Hambrientos y curiosos, pusimos rumbo al mercado cubierto de Les Halles. La imbricada carpintería metálica nos recordaba a la Torre Eiffel de París… Aunque Gustave Eiffel nació en Dijon, el diseño de este mercado del siglo XIX no es obra suya. Pero no nos importó: disfrutamos de un suntuoso banquete en Le Brunch des Halles con su ambiente festivo y local. Las especialidades regionales, como el Boeuf Bourgignon y el queso Charolais, nos dejaron totalmente anonadados.

Por la tarde, pusimos rumbo hacia el sur, para visitar Le Consortium, una galería contemporánea en una fábrica reacondicionada. Abrió sus puertas en 1991 pero fue rehabilitada en 2011; la rehabilitación de sus 4.000 m² de espacio para exposiciones es obra del arquitecto japonés ganador del Premio Pritzker Shigeru Ban y su socio francés Jean de Gastines. Un espacio fascinante para pasar el resto del día.

Así que… ¡nunca llegamos a los viñedos y las bodegas! No pasa nada, volveremos para disfrutar del paisaje y el vino. Pero, por ahora, descubrir la ciudad de Dijon fue una experiencia llena de sorpresas increíbles. ¡Y nos llevamos pan de jengibre!

Para llegar más lejos:

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