Paseo bajo el aire marino en San Juan de Luz

En San Juan de Luz es inútil buscar el Atlántico, porque está en todas partes. En la gran playa y en las aguas del puerto bordeado por casas de armadores, en la pesca del día, en las algas durante una sesión de talasoterapia e incluso en el vino local que toma algunas notas del océano… Te invitamos a impregnarte de salitre y olor a mar en este paseo en 7 etapas.

Pasear por el puerto tras la pista de la ciudad corsaria

Es el nexo entre San Juan de Luz la opulenta y Ciboure, su gemela más modesta. A bordo de una lancha en el puerto, se pueden localizar las huellas del pasado corsario en las residencias de los armadores de barcos que salían a cazar tanto las ballenas y el bacalao como a sus enemigos. Como un merengue rosa, la Casa de la Infanta tiene el color de la paz recobrada: la boda entre María Teresa de España y Luis XIV en 1660 selló el fin de las hostilidades. Enfrente, en el lado de Ciboure, la casa Ravel se enorgullece de haber alojado, dos siglos antes del nacimiento del compositor, otro huésped ilustre, el cardenal Mazarino.

Abrir boca con la pesca del día en el mercado cubierto

Para abrir boca antes de la comida, nada mejor que una visita al mercado de estilo Baltard. Los martes y viernes (y también los sábados en verano), hay doble ración con el mercado al aire libre que se instala a su alrededor. Se empieza por disfrutar con los ojos, entre las aves del País Vasco, el foie gras, los confits y pescados del día como la célebre merluza de San Juan de Luz pescada de forma artesanal. Y luego se deleita de verdad con los pinxtos, las tapas del País Vasco, durante un aperitivo marinero.

Degustación reconfortante frente a la gran playa

En el País Vasco, el Brouillarta es un fuerte viento repentino acompañado de niebla. El restaurante del mismo nombre, 1 estrella Michelín desde 2019, asombra a los clientes más exigentes. Frente a la gran playa y sus casas con pasarelas, el chef Guillaume Roget, antiguo sumiller, afirma sus raíces vascas y su gusto por los productos de la tierra. Uno se deleita con el pescado y el marisco procedentes de la lonja de Ciboure, acompañados por vinos blancos del Suroeste.

Viajar por la costa en el jardín botánico del litoral

Pinar costero, robledal atlántico o landas marítimas: todos los medios naturales parecen haberse dado cita aquí. Dominando el océano, las 2,5 hectáreas del jardín litoral Paul Jovet son una invitación a viajar a través de los paisajes de la costa vasca. Siguiendo los pasos de los marineros que surcaron los mares, también se pueden admirar la colección de especies destacadas y vegetales de los cinco continentes. Y para terminar esta bocanada de aire puro, recorremos el sendero litoral con sus magníficas vistas.

Realizar una pausa marítima en el Loreamar Grand Hôtel Thalasso & Spa

Dejamos de lado el marco Art Déco del Grand Hôtel situado en la playa para adentrarnos en los 1.000 m² de su espacio de talasoterapia, donde lucen lasbóvedas de piedra, conchas y maderas exóticas. Peeling con sal de mar, envolturas de algas o masaje de aceite de magnesio marino, todo está previsto para una sesión 100% oceánica, incluidas las vistas sobre la playa desde el espacio de la piscina interior. Y para completar el tratamiento, nos regalamos una cena marinera – ostras y merluza de pincho - en la terraza de teca del “Aho Fina”, el restaurante gastronómico (1 estrella) del hotel.

Descubrir el vino del mar en Socoa

En la zona portuaria de Socoa, unos flotadores se han colocados a 15 metros de profundidad: son las cubas de Egiategia, pionero de la vinificación submarina. Se trata de un procedimiento ingenioso: utilizar las mareas del Atlántico y la presión del mar para realizar la segunda fermentación, incluso para todo el proceso de vinificación. Probamos el fruto de esta alianza entre la viña y el océano antes de explorar la colina Bordagain en Ciboure: entre las mansiones elegantes heredadas de la moda de los baños de mar, la Villa Leihorra, obra maestra Art Déco de los años veinte del pasado siglo, abre su jardín y sus interiores a los visitantes.

Momento dulce

Conocemos de sobra la brisa marinera que el aire marino abre el apetito. Para un momento dulce, ¿por qué no imitar a la Infanta y a Luis XIV que según se dice, cayeron rendidos ante los "macarons" de almendras de la casa Adam fundada en 1660? También se puede disfrutar del salón de té de la pastelería Etchebaster para saborear un pastel vasco con cerezas negras. Y cuando hace calor, nos derretimos ante los helados de vainilla de Bargeton o de Pariés: ¡ambos figuran en el Top 10 de la clasificación de Gault et Millau en 2019!

Cita en San Juan de Luz, Biarritz-País Vasco