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Recorrido por los lugares culturales de excepción o paseo por las cumbres. En pareja por la ruta de los vinos o de crucero con los niños… ¿Qué viaje por Francia harás en esta ocasión?

Christian Lacroix organiza un desfile del arte de la dinastía Kayar en Le Louvre-Lens

Encuadernación con motivo de rosas y ruiseñor Mediados del siglo XIX. Papel maché pintado bajo barniz  París, Museo del Louvre / Césarine Davin Retrato de Asker Khan, embajador de Irán en 1808 Óleo sobre lienzo, Museo del Palacio de Versalles y del Trianon
Entre el 28 de marzo y el 22 de julio de 2018, Le Louvre-Lens acogerá «L'Empire des roses», primera retrospectiva dedicada al arte de la dinastía iraní Kayar, que vivió sus años dorados entre 1786 y 1925. Estas obras maestras persas, con unos cánones artísticos tan particulares, no gozan de demasiado prestigio en Occidente y, durante mucho tiempo, tuvieron la consideración de obras de dudoso gusto. Un error que, por fin, ha sido subsanado a iniciativa de Gwenaëlle Fellinger, comisaria de la exposición. La puesta en escena es obra de Christian Lacroix, quien se ha prestado a realizar esta entrevista.
Anónimo, Bailarina con pandereta, (a la espera de ser fechado). Óleo sobre lienzo Carpentras, Biblioteca-museo Inguimbertine.

¿Cómo llegó a conocer el arte Kayar?

Si bien recuerdo, la primera vez que me impactó el arte Kayar fue en una gran antología de las Mil y una noches donde el ilustrador se había inspirado en miniaturas indias y persas. Me fascinó ese lugar lejano y opulento, totalmente diferente de lo que yo conocía. Debo confesar que no profundicé en este descubrimiento durante mis estudios de Historia del arte, sino como aficionado, esteta e investigador insaciable de todos los exotismos. Más tarde, como modisto ávido de mezclar espacios y otros tiempos, encontré en este arte Kayar imágenes suntuosas, para mezclar con otras corrientes de la Historia del arte, como el rococó francés, el barroco español o italiano, el arte contemporáneo…

Abu'l Hasan Ghaffari Sani al-Molk, Retrato de Nasir al-Din Shah en apoteosis, 1858-1859. Tinta, pigmentos y oro sobre papel. París, Museo del Louvre

¿Algunas de las obras de la exposición le han marcado de una manera especial?

Lo que más me ha impresionado fueron los retratos y los tapices. Pero siempre me han gustado las obras híbridas, a caballo entre dos grandes periodos, entre dos tradiciones. De ahí que los aires primitivos, al mismo tiempo que profundamente actuales, de los retratos de Nasir Al-Din Shah, por ejemplo, me hayan impactado de una manera especial, no solo por su sofisticación en cuanto al color, sino también por sus poses, tan hieráticas como inocentes.

En esta ocasión, le vemos desarrollar las funciones de un escenógrafo… ¿En qué se ha inspirado para la puesta en escena de esta exposición?

En una de las piezas expuestas, el Palacio de Solimán. Las salas se comunican entre sí con aberturas simples, triples o quíntuples. Como en una ciudad, hacen las veces de calles, recubiertas de moquetas inspiradas en los grabados de paisajes y arquitecturas de la época. Hemos colaborado estrechamente con Gwenaëlle Fellinger. Le propuse un plano, siguiendo las temáticas que ella había definido desde el principio: las relaciones entre Irán y Europa, el tiempo, la artesanía, las costumbres, los instrumentos musicales, las joyas… Cada tema se presenta en un espacio definido por el color y, en su interior, cada sujeto ocupa una sala de paredes pintadas o tapizadas en seda adamascada, en un camafeo de esos mismos tonos.

Atribuido a Mihr Ali, Retrato de Fath Ali Shah (1797-1834). Hacia 1805. Óleo sobre lienzo. París, Museo del Louvre

¿Qué experiencia le espera al visitante?

Es la primera vez que se mostrará la riqueza y la diversidad del arte de la dinastía Kayar. Es un paseo, un recorrido amplio por cada uno de los puntos fuertes, tanto históricos como artísticos, de esta dinastía.