Soñar con Alsacia

Los relatos cargados de sinceridad inspiran al viajero. Así, surge una tierra con carácter, con cultura auténtica y acogedora, para vivir y compartir. Un lugar que se vive con pasión.

Con la autenticidad y la hospitalidad como ingredientes, la cultura alsaciana es una invitación a la fiesta. El dialecto local, los productos típicos “made in Alsacia”, su folclore y sus símbolos hacen latir el corazón de habitantes y turistas.

La pasión es el ingrediente esencial de una gastronomía única (bretzel, crémant, crema para untar…) y de unos artesanos que abren sus puertas para mostrar sus trabajos. Gentes apasionadas que conservan los fundamentos de la identidad alsaciana, de una cultura que ha perdurado en el tiempo.

Buena muestra de ello son los oficios artesanos, heredados de generación en generación. Y si de tradiciones hablamos, no hay que dejar de probar la tarta flambeada flammekueche, siempre bien caliente compuesta de queso blanco, cebolla y bacon, y que se suele acompañar de pinot blanco o de pinot negro rosado.

La Ruta de los Vinos recorre 170 kilómetros de un terruño vinícola, donde los productores abren sus puertas a los curiosos y las diferentes actividades llevan a los visitantes a través de interesantes rutas por los viñedos. Para disfrutar sus paisajes, se puede utilizar el Kut’zig (Enlace externo) , un autobús “hop on hop off” (con paradas libres) que recorre el viñedo alrededor de Colmar. Además, Tour.alsace (Enlace externo) ofrece numerosos circuitos que recorren las joyas de la región.

Alsacia cuenta con cientos de castillos, a los que se accede por caminos pedestres señalizados. Algunos están situados en las alturas, dominando la copa de los árboles y visibles al principio del recorrido. Otros se descubren al final del camino, tras un último recodo que permite ver su silueta. En ocasiones hay que caminar a través de un bosque, junto a un viñedo, remontar un río o cruzar verdes pastos.

La naturaleza alsaciana alcanza su mejor expresión al recorrer la cresta de los Vosgos. Un paisaje fabuloso donde los pasos están acompañados por el tintineo de los cencerros de los distintos rebaños.

Más lejos, en una pendiente rocosa, una gamuza salta, seguida por una pequeña manada que busca donde pacer tranquilamente. Un espectáculo inolvidable para observar en silencio.

Colmar

Destino romántico por excelencia, Colmar es célebre por su Pequeña Venecia, sus casas de entramado de madera, su patrimonio, su festival internacional de música clásica o su mercadillo de Navidad. Además, es el abanderado de la gastronomía alsaciana. En el centro de la ciudad, los sabores sencillos y auténticos de algunas winstubs, las tascas tradicionales, se codean con una cocina de alto nivel, inventiva y refinada como la de sus tres restaurantes con estrellas Michelin. El mercado cubierto ofrece un espacio perfecto a los productores locales que ofrecen productos frescos, de temporada y ecológicos. Capital de los Vinos de Alsacia, Colmar invita a realizar una visita a los viticultores independientes que abren sus puertas para compartir y degustar su pasión por el vino y la viña.

Estrasburgo

Con 2.000 años de historia, Estrasburgo se encuentra en la encrucijada entre el mundo latino y el germánico con una herencia cultural y arquitectónica única. Esta riqueza incalculable ha sido reconocida con la inclusión en 1988 de la Grande Île (Gran Isla) en el Patrimonio Mundial de la UNESCO. Fue la primera vez que un centro urbano histórico se incluyó en su totalidad. En 2017, la declaración se extendió al barrio de la Neustadt. La ciudad invita a pasar unos momentos auténticos. Ofreciendo su agradable estilo de vida, sus tesoros ocultos y sus lugares excepcionales, promete experiencias únicas: maravillarse ante su catedral, descubrir los secretos de Europa en el Parlamento Europeo, pasearse por sus tortuosas calles, descansar en una terraza o jugar a los marineros de agua dulce en un barco eléctrico.

Mulhouse

En el siglo XVI, unos magníficos trampantojos decoraban el Ayuntamiento y, desde entonces, junto con los edificios de la edad de oro del textil, los muros decorados se han convertido en la especialidad de Mulhouse. Así, Oak Oak pintó a Milhouse (el amigo de Bart Simpson); C215 decoró varios buzones y pintó retratos de los protagonistas de la historia de la automoción; y CLET customizó unas 200 señales de tráfico. Tal dinamismo es obra de la galería Orlinda Lavergne y la asociación Le M.U.R. Murales decorados cada mes por un artista diferente. Ambos, junto con el cine Kinépolis, han creado Graffitipolis: 28.000 m2 disponibles para los grafiteros. La Ciudad del Automóvil, la del Tren, el Museo de Estampación Textil o el Ecomuseo de Alsacia son otras visitas ineludibles; y para divertirse en familia el Parque del Principito.

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