¡Todos a los iglús en los Alpes!

¿Te apetece un paréntesis insólito en la montaña? ¡Despierta tu alma de aventurero y pasa una noche en un iglú! Estos alojamientos efímeros florecen en invierno en las pendientes de las estaciones de esquí de los Alpes y en los altiplanos. Un iglú para dos en plena naturaleza, una cueva de hielo acogedora e incluso un cursillo para construir tu propio iglú. ¡Es sorprendente lo bien que se duerme en la nieve!

Un iglú con calefacción en La Plagne

El Mont Blanc se alza majestuoso delante tuyo. Las vistas te permiten ver hasta la Tarentaise, la Pierra Menta y el Beaufortain. En pleno corazón de uno de los mayores territorios esquiables del mundo, Paradiski, Blacksheep Igloo propone vivir una noche fuera de lo común. En el Dou du Praz, se comparte una fondue saboyarda en el restaurante de hielo antes de pasar la noche en uno de los iglús del pueblo. Y hasta los más frioleros pueden vivir esta aventura gracias al “hot igloo”: una cúpula panorámica calentada por una estufa de madera. ¡Ideal para una noche romántica! ** Blacksheep Igloo también existe en la estación de Chamrousse, en Isère.

Un pueblo polar en Orcières-Merlette

Un aire a pueblo polar reina en la mesta de Rocherousse. Unos cuantos iglús surgen de la nieve. Arriba, en el cielo del valle del Haut-Champsaur brillan miles de estrellas. Hace falta muy poco para imaginarse como un aventurero-explorador. El pueblo de iglús tiene el nombre de Williwaw, ese viento glacial que sopla en las costas de las regiones más frías del mundo. A la caída de la noche, nos calzamos las raquetas de nieve para un pequeño paseo que nos permite contemplar la puesta de sol y abrir el apetito antes de saborear una raclette. Por la noche, será el momento de meternos en el iglú, bien abrigados para soportar los 2°C: ¡hay previstos sacos de dormir polares! A la mañana siguiente, podrás descubrir la vida de los mushers ofreciéndote un paseo con perros de trineo. ¡La montaña mágica!

Un hotel de hielo en Les Arcs

Parecida a la de Val Thorens, la cueva de hielo de Les Arcs es todavía más grande. Nada más entrar, los niños y adultos quedarán maravillados por las esculturas que decoran las paredes: un dragón que escupe fuego, un lobo que se lanza sobre su presa… La cueva se visita pero también se acude a tomar el aperitivo tras un día de esquí: la oportunidad de beber una copa y de comer una tabla de charcutería y de quesos de la región. Los miércoles por la noche incluso se puede comer una fondue saboyarda. Y para prolongar la experiencia, ¿por qué no quedarse a dormir? En una cama de nieve cubierta de pieles de animales, para soñar con grandes aventuras polares. Las cuevas de hielo denominadas “Villages Igloos” también existen en La Rosière y en Avoriaz.

Un iglú chic en Val Thorens

¿Dudas en dar el paso y privarte del confort de un hotel de gama alta? El Pashmina tiene la solución en Val Thorens: el igloo-pod. Un iglú chic a unos metros del hotel con todos los servicios muy cerca. Un nidito con vistas panorámicas del cielo y las montañas, equipado con cuarto de baño con ducha y aseos y calentado con una estufa de madera (¡así es mucho más fácil!)... pero sin televisión ni Wi-Fi. ¡Y eso también es el comienzo de la aventura!

Un iglú “hecho por ti mismo” en Villard-de-Lans

Esta es una experiencia a reservar a los verdaderos aventureros: en Villard-de-Lans, en el corazón del Vercors, puedes aprender a construir tu propio iglú. Durante dos días, acompañados por guías, descubre la vida salvaje en la montaña: el primer día está dedicado a construir el iglú y el segundo a una excursión. ¡Entre los dos, menudo orgullo el dormir en un iglú construido con tus propias manos! Claro está, también puedes reservar únicamente para la cena o pasar una noche en un iglú ya construido.

Una cueva de hielo en Val Thorens

¡Bienvenido al iglú a mayor altitud de Europa! A 2.400 metros de altura, aquí se entra en una verdadera cueva de hielo: en su interior, las esculturas de nieve presentan todo un universo helado. Entre dos descensos en la pista verde de Combe Thorens, se puede beber un chocolate caliente o un cóctel bajo las bóvedas heladas. Previa reserva, incluso es posible cenar una auténtica fondue saboyarda, abrigado con una manta bien gruesa. Este increíble mundo de hielo alberga asimismo dos habitaciones modulables, para dos o cuatro personas: una experiencia inolvidable en la montaña, a realizar junto con un recorrido en raquetas de nieve y acompañado de una fondue saboyarda, ¡por supuesto!

Cita en los Alpes