Exposición “La Luna. Del viaje real a los viajes imaginarios”

El Grand Palais en París organiza una exposición sobre la Luna del 3 de abril al 22 de julio de 2019. Titulada “La Luna. Del viaje real a los viajes imaginarios”, presenta numerosas obras de arte, de la Antigüedad hasta nuestros días, de Europa y de otros continentes, testimonios de la relación que mantiene el hombre con la Luna desde siempre.

Este año se celebran los 50 años de los primeros pasos del hombre en la Luna, que desde la noche de los tiempos inspira a artistas, pintores, compositores y poetas. Tomando como punto de partida la expedición del Apolo 11 en julio de 1966, el visitante realiza un viaje en el tiempo, a través de los periplos soñados por los artistas en la Luna.

Desde la Antigüedad, la idea de viajar a la Luna por los medios más disparatados desató la creatividad y la imaginación más desbocada. El “gran paso para la humanidad” de Neil Armstrong en julio de 1969 inauguró el comienzo de una nueva era y de una nueva relación del hombre con la Luna. La imaginación no perdió intensidad, con la salvedad de que a la fantasía se sumaron grandes interrogantes sobre la humanidad y su futuro...

Del anteojo de Galileo a las fotografías

Desde Galileo, unos instrumentos cada vez más precisos han permitido observar la Luna, lo que permitió dibujar los primeros mapas del satélite. La presentación de una réplica del anteojo de Galileo, de los primeros dibujos y mapas a mediados del siglo XVII y, más tarde, de fotografías, ilustrarán la búsqueda de una verdad objetiva de la que nunca están ausentes el sueño y la contemplación estética.

El astro con tres caras

La exposición sigue tres “humores” de la Luna. Primero cariñosa, protege e inspira al hombre que sueña, duerme, reza o medita (el cuadro de Girodet en el que Endimión dormido es visitado por Diana bajo la forma de un rayo luminoso que le acaricia con su luz...).

Luego, la Luna es cambiante, versátil. Sus mutaciones acompañan el tiempo de los hombres y organizan su calendario. Las creencias populares la convierten en el origen del humor de las mujeres, tildadas como “lunáticas”. Sus ritmos se vuelven fenómenos ópticos que inspiran a numerosos artistas del siglo XX.

Por último, su tercer rostro es el del astro de las tinieblas, de la melancolía o de la locura: inquietante, la Luna se vuelve negra o demoníaca, es fuente de fantasmas y de miedos.

La Luna estaba serena y jugaba en el agua” - Victor Hugo, Claro de Luna

En la última parte de la exposición, la Luna incita a la contemplación, a la vez cercana y misteriosa, revelando la Naturaleza bajo una luz reflejada, extraña, íntima, melancólica. Se convierte en una expresión de la belleza.