Lille, todo un paraíso gastronómico

La haute cuisine de París, por supuesto; las sencillas mesas del savoir vivre del sur, naturalmente, pero el baluarte gastronómico de Francia conocido por todos es Lille. Esta ciudad del norte cuenta con más de 900 restaurantes, bistrós y bares. He probado algunos de ellos y constatado que, aquí en el norte, la gente es tan cálida como caliente es la comida que se sirve en tantas y tantas mesas…

Los gofres de Méert

Para empezar, se necesita una lección de historia, ya que casi ninguna otra especialidad de Lille tiene una tradición tan larga tras de sí como los famosos gofres de la casa Méert, que durante un tiempo se encargó de proveer a la mismísima Casa Real de la cercana Bélgica de esta exquisitez rellena de vainilla de Madagascar y creada en 1849. Tengo un buen recuerdo de los gofres de un anterior viaje a Lille y esta vez tampoco me los quiero perder. Por eso, visito el negocio de la Rue Esquermoise al que, además de un salón de té histórico precioso, también pertenece un restaurante. No hace falta preguntar nada: los gofres han resistido de la mejor manera al paso del tiempo y todavía siguen estando tan deliciosos como hace tres años o incluso como hace (casi) 170.

Place aux Oignons

En los alrededores de esta plaza tan típica y encantadora del casco antiguo de Lille me topo con uno de los muchos estaminets de la ciudad. Son acogedores locales cuyas cartas reúnen sobre todo platos regionales tradicionales. Como la carbonnade flamande (estofado de carne a la cerveza), el potjefleesch (pastel de carne) o el waterzoi (pollo o pescado en salsa cremosa y con verduritas) no son necesariamente platos ligeros, van acompañados normalmente de una cerveza de elaboración propia. Ça va! Además, muchos de los estaminets tienen también mesas en el exterior, lo que los convierte en una imagen característica de Lille. En general, de cada tres restaurantes de la ciudad, dos tienen terraza. Quien haya prestado atención al principio sabrá que… ¡Lille tiene 600 orgullosas terrazas!

Microcervecería Les Bières de Célestin

La palabra clave es cerveza, pero no 600, sino seis: estas son las creaciones propias que elabora y vende Célestin en la apacible Rue Jean Jacques Rousseau y, naturalmente, docenas de cervezas de importación de Francia, Bélgica y de todo el mundo. Pero la historia auténtica del lugar la protagonizan las elaboraciones de la casa: es lo que ha llevado, por ejemplo, a la rubia La Dix, tanto en su versión clásica como en la versión Coup de foudre de color tostado de barrica, a la carta de cervezas del restaurante Pierre Gagnaire de París distinguido con tres estrellas Michelin, junto con la lupulada Yuzu, que, pese a su aroma floral, sorprende con su sabor refrescantemente amargo y seco con toques de pomelo. Una de las estrellas es también la Noir, una cerveza negra aromatizada con café de Ecuador y vainilla de Tahití, que podría ocupar una emocionante posición en algún que otro maridaje de cervezas. No soy ni mucho menos un superfán de esta bebida, pero me divierte descubrir aquí cervezas con características tan marcadas.

Restaurante Le Babe

En este restaurante del centro de la ciudad, justo al doblar la esquina de la oficina de información turística, vivo la experiencia de una de las direcciones gastronómicas más de moda de Lille. Albergado en un edificio del siglo XIX, el choque entre el chic industrial de obra vista y las abundantes plantas ornamentales en maceta está a la altura de las circunstancias y, al igual que los elementos de su carta, es absolutamente “instagramable” (qué bonito queda decirlo así). Siempre es emocionante probar un plato vegetariano en un local en el que los protagonistas son los platos de carne. Por eso, elijo como entrante el espárrago sobre una ligera salsa muselina, así como tempura de calabacín con tofu ahumado y tagliatelle de verduras. Sobre todo este plato principal, que gracias a la tempura evoca un paisaje fantástico en el plato, es de gran categoría.

Restaurante Ma Reine del hotel “L'Arbre Voyageur”

Desde sus comienzos, este restaurante pertenece al hotel de elegancia sobria con temática de jungla que ocupa, desde hace aproximadamente un año y medio, las instalaciones de lo que fue el antiguo consulado polaco. El concepto es tan simple como los platos: hay hamburguesas y ensaladas elaboradas con ingredientes de una calidad superior a la media, pero sin grandes artificios. Sin embargo, las estrellas del Ma Reine son sus cócteles de autor, ocho en total, que, con toda razón, se han adueñado de la segunda página de la carta y que se elaboran en Le Jane, el restaurante de gastronomía exquisita de la casa situado en el otro lado del vestíbulo. Mi Douceur Printanière es una fantasía exótica de calvados y sirope de yuzu, con pinocha y una rama de canela, y rodajas de manzana perforadas. Simplemente, un lujo para todos los sentidos.

Bistrot de Saint-So - Gare Saint-Sauveur

El espacioso bistró situado en la antigua estación de Saint-Sauveur mantiene su frescura con una carta que se actualiza todas las semanas. En ella se encuentran, sobre todo, éxitos permanentes internacionales como el pollo al curry o el tartar de ternera, ambos en cantidades realmente generosas, pero también figura un plato tradicional como el potjefleesch de mi visita. No obstante, su estrella es el entorno: en la actualidad, el colectivo cultural Lille3000 gestiona el recinto de la estación de tren situado al sur del centro de la ciudad de Lille. Este colectivo no solo organiza cada tres años un festival de renombre internacional que abarca toda la ciudad (“Eldorado” se inaugurará en abril de 2019), sino también exposiciones durante todo el año. Me da tiempo a presenciar el emocionante espectáculo multidisciplinar “Ola Cuba” antes de que empiece el “Sportfoto”.

Restaurante Le Coke

Pero lo más destacable de mi visita a Lille es este restaurante situado en la antigua sede de un gigante del carbón de la región. Le Coke combina una localización que quita el aliento, y que presenta una arquitectura espaciosa original de Louis-Marie Cordonnier (el creador de la ópera y la bolsa, otros dos lugares de visita obligada de Lille), con un espectáculo de gastronomía exquisita habitual en los años de aniversario: la cena de seis platos consta de creaciones cada vez más fantásticas. Días después, aún sigo hablando con entusiasmo con todo aquel que me encuentre de platos como la coliflor horneada en pan, servida en un nido de pájaros de paja y granos, o el filete de perca envuelto en hojas de parra que primero tuve que sacar del ramaje para sumergirlo después en un carpacho de pasas. Por cierto, el menú de Le Coke se reinventa por completo cinco veces al año. En ese sentido: A bientôt, Lille!

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