En el bosque encantado de Amiens

El pulmón verde de Amiens se encuentra en los Hortillonnages. En el centro de la ciudad se alza un conjunto de parcelas compuesto por intrincados senderos de paseo y un ramificado sistema de canales. Romanticismo en estado puro, a la vez que lugar de origen de uno de los conceptos de hotel más extraordinarios con los que jamás me haya topado. Veníos conmigo…

“Chambres d’hôtes d’une île à l’autre”: conjunto/llegada

En los Hortillonnages, Laure Henry y Emmanuel Colange han instalado una serie de cabañas que nos invitan a otro mundo en pleno centro de la ciudad y que nos abstraen de todo. Esto significa también que primero debo encontrar mi alojamiento en este misterioso jardín encantado. Un sendero se separa de una de las calles principales del casco urbano. A la derecha, el río Somme; a la izquierda, unas escaleritas y puertecitas extrañas, a veces incluso un poco fantasmagóricas, que parecen llevar a ninguna parte o a una aventura mágica. Un buen rato después, me hallo ante un portón cerrado en el que pone “D’une île à l’autre”. Debe de ser esto. Y miro… La llave encaja…

“Chambres d’hôtes d’une île à l’autre”: cabaña/habitación

El conjunto está formado por seis cabañas unidas entre sí por pequeñas pasarelas o caminitos en los que crece frondosa la hierba. La mía es justo la primera. En la cabaña de dos plantas está todo lo que uno necesita y, sobre todo, nada que no haga falta. Es decir, aquí el wifi y el televisor brillan por su ausencia. A cambio, hay un cómodo sofá en el salón y también un baño y una cocina perfectamente provista de café, cacao y té.

“Chambres d’hôtes d’une île à l’autre”: cabaña/vistas al exterior

A decir verdad, podría ser un poco más cálida, pero para solucionarlo puedo elegir entre la calefacción o una estufita auténtica. Además, del salón sale una escalerilla que lleva a la planta superior situada justo debajo del tejado. Está toda ocupada por un colchón gigante y una diminuta mesilla de noche. Demasiado cómodo como para no dormirse inmediatamente…

“Chambres d’hôtes d’une île à l’autre”: cabaña/exterior

… y despertarse a la mañana siguiente en un mundo de cuento. Un mundo de cuento con un gallo que lo da todo al anunciar el nacimiento de un nuevo día. Bajo las escaleras y veo una cesta colgada de un gancho junto a la puerta de mi cabaña. Parece que así es como funciona aquí el desayuno. Literalmente la cesta lleva: un cruasán y una baguette recién horneada, mermelada de los Hortillonnages, leche y un albaricoque. Todo delicioso y más aún porque puedo degustarlo sentado en los sillones de mi jardín directamente junto al agua.

“Chambres d’hôtes d’une île à l’autre”: otras cabañas

Miro alrededor y descubro un par de cosas más que pasé por alto ayer por la tarde: amarradas a la orilla hay dos canoas y, detrás en el jardín, un cobertizo con una serie de bicicletas. Así pues, aquí cada uno puede decidir en qué medio de transporte desplazarse para explorar los Hortillonnages. Ahora observo las otras cabañas con más detenimiento y descubro también una preciosidad de un azul resplandeciente. Pero no puedo mirar dentro: ahora mismo todas las cabañas están ocupadas. ¡Por qué será que no me sorprende!

Festival Art ville et paysage

En 2018, ya en su novena edición, este espléndido festival de arte combina escultura, paisajismo y arte conceptual, disciplinas que reflejan a cada rato también la historia y los acontecimientos naturales de los Hortillonnages con el pensamiento dirigido hacia el futuro. Así pues, muchas obras se enfrentan a la transitoriedad de las innumerables “islitas”, cuyas “franjas de costa”, a veces diminutas, se lleva rápidamente el agua y que se deben regenerar de nuevo para que no desaparezcan del todo. Otros trabajos, de los cuales algunos permanecen durante años y otros desaparecen en octubre con el final del festival, manejan vegetación, fauna o también el aspecto agrícola de los Hortillonnages, puesto que, en algunos de ellos, todavía hay agricultores de regadío que viven del cultivo y la venta de verduras y hortalizas. Y lo mejor de todo: a la mayoría de las obras de arte solo se puede llegar en bote, con lo que se ven a iniciativa de cada uno. Estoy ansioso por ver qué nos deparará la edición de aniversario del próximo año. Ya estoy planeando mi regreso…

Restaurante Au fil de l'eau

… y no hay mejor sitio para forjar un plan que delante de un plato caliente. Una de las opciones con pocos artificios para comer en los Hortillonnages la ofrece este pequeño restaurante situado justo en la esquina del bulevar que lleva al casco urbano. Hasta hace unos pocos años, este local era sobre todo un bar, pero ahora dispone también de una pequeña carta con platos franceses. No pierdo la oportunidad de probar la ficelle picarde. Esta crepe rellena de setas y jamón y gratinada al horno con emmental pertenece, por antonomasia, a las especialidades de Amiens y se sirve como entrante, aunque también constituye un buen plato principal si no se tiene mucha hambre. El restaurante Au fil de l'eau, que también tiene una bonita terraza abalconada, está considerado también como la cantina de los barqueros de los Hortillonnages, quienes gustan de hacer aquí su pausa del mediodía.

Amiens