Nantes por Kim Leuenberger

Nunca había pensado en visitar Nantes, pero después de haber pasado un día allí, se ha convertido en una mis ciudades favoritas y me encanta disfrutarla con toda mi familia.
El ADN de la ciudad está lleno de humor y es uno de los destinos donde más feliz me he sentido en toda mi vida.

En cuanto llegué a Nantes y me registré en el hotel, sabía que la ciudad no me iba a decepcionar porque me encanta el arte. Tuve la suerte de ser una de las primeras en quedarme este año en la «habitación del artista», creada en esta ocasión por Elsa Tomokowiak.
Cada año, un artista redecora una habitación o crea una nueva para distinguirse de cualquier otro lugar. Sin duda, ¡fue una habitación que nunca olvidaré!

Cuando llegué, me dieron una lata de galletas (deliciosas) con el dibujo de un carrusel maravilloso, sacado directamente de una novela de Julio Verne o del cuaderno de notas de Da Vinci. Qué ilusión cuando me enteré de que ese lugar existía de verdad en la isla de Nantes. Nos subimos al carrusel y fue sin duda una de las experiencias más mágicas de mi vida. Qué ganas tengo de subirme al Árbol de las Garzas cuando esté terminado en 2022.

Tiendas de adornos

Cuando estaba paseando por la ciudad, me di cuenta de que había un montón de objetos divertidos en los escaparates de las tiendas. Desde un unicornio con un helado como cuerno hasta un gato chino de la suerte, la ciudad está repleta de adornos de este tipo y siempre me divertía verlos.

Línea verde

En cuanto llegué, no pude evitar darme cuenta de una línea verde en un camino por donde corría la gente. La estuve siguiendo durante un tiempo y pude ver instalaciones de arte descabelladas. En verano, incluso organizan representaciones en directo por ese camino.

Por la noche, fui a tomar una copa de vino en la última planta de una de las torres más altas de Nantes, Le Nid de Jean Jullien.
Las vistas desde allí son increíbles y el interiorismo es una pasada, ¡incomparable!