Senderismo entre el mar y la montaña en Riviera Costa Azul

  • Cagnes−sur−Mer

    Cagnes−sur−Mer

    © Atout France/Emmanuel Valentin

Senderismo entre el mar y la montaña en Riviera Costa Azul Nice fr

La Costa Azul es un litoral montañoso con 6.500 km de senderos señalizados, para realizar excursiones de todos los niveles y duraciones.

Los Pueblos Encaramados a la Montaña de la Costa Azul

Desde las playas del Mediterráneo, volviendo la espalda al mar, se les adivina en equilibrio sobre el acantilado desnudo, agarrados a un balcón rocoso o en medio de la vegetación coronando un domo que domina los valles. Son más de cien en total, de los 163 municipios existentes en la Costa Azul. Todos, sin excepción, son escenarios donde ha transcurrido la historia política, militar –Vauban multiplicó las murallas en esta región-, económica, religiosa y artística de los Alpes Marítimos.

Todos han acogido a los grandes nombres de nuestro patrimonio: Nietzsche en Eze, uno de los pueblos más destacados de la zona, Saint-Exupéry o Camus en Cabris, Eluard, Picasso, Cocteau o Man Ray en Mougins, Chagall, Montand, Signoret y Prévert en Saint-Paul-de-Vence, o Bréa en el Alto País de Niza. Sin duda porque, más cerca del cielo, con el paraíso que se extiende abajo del todo y la mirada al acecho, la imaginación es más fecunda.

Entonces, cuando la luz es pura o incluso cuando las nubes se muestran amenazantes, no hay que temer lanzarse al descubrir la Riviera montañosa y ascender hasta Tourrettes-sur-Loup con su aroma a violetas o Saint-Jeannet protegido a los pies del Baou. 

Desde Cannes, hay que subir hasta Grasse, pasando por Mougins y Cabris y sus vistas del Estérel  y el lago de Saint-Cassien.

Cada valle tiene su rosario de perlas, cada una de ellas absolutamente única.

Las Gargantas del Loup acogen Gourdon, el nido del águila, verdadero balcón de la Costa Azul desde donde se lanzan los amantes del vuelo libre, pero también Cipières. Es en la Vésubie, el refugio de los lobos en el corazón del Boréon, donde se extiende Venanson sobre un espolón al que se agarran granjas y vaquerías alrededor de una iglesia del siglo XVII.

Hay que ir a la Tinée para emborracharse de vértigo descubriendo Bairols, que nos promete el paraíso si se consigue dar toda la vuelta… sin caerse, o bien visitar Ilonse. Entrevaux, todavía más arriba, ofrece un viaje hasta la Edad Media.

En la Roya, siete iglesias, una de las cuales alberga un órgano italiano declarado Monumento Histórico, marcan el ritmo de la vida de Saorge, mientras que Tende se abre al valle de las Maravillas, y la aldea de Granile, oculta en las entrañas de la montaña, alberga unos frescos en trampantojo de gran rareza.

En el valle del Paillon se alzan Lucéram, que cuenta con siete capillas y en Navidad se llena con centenares de belenes, pero también Peille, catalogado como uno de los lugares más bellos de Francia, donde hubo una horca y, mucho más tarde, un espacio para el poeta rebelde Léo Ferré.

En el Mentonnais, no lejos de Eze, se mide el poder de Roma descubriendo el Trofeo de Augusto en la Turbie, desde donde se disfrutan de las vistas más espectaculares del Manhattan de la Costa Azul, el Principado de Mónaco, sus torres y también un palacio que se alza sobre una roca.

Paseos por los cabos y alrededor de las islas

Paséate a lo largo del litoral. Déjate seducir por la belleza del paisaje. Los senderos de la costa que siguen el contorno de los cabos, el Cabo Martin, el Cabo de Ail, el Cabo Ferrat, el Cabo de Antibes… las islas de Lérins que inspiran la paz y la belleza… Tampoco puedes perderte las fortificaciones, los faros, las mansiones que casi tocan el agua…

  • El Cabo Martin

3 km, 45 minutos de una vegetación típicamente mediterránea compuesta por retamas, mirtos, pistacheros, pinos de Alepo, así se presenta el sendero al borde del mar. Invita a partir tras los pasos de Nietzche y sobre todo de Le Corbusier, del cual se descubre durante el camino su concepto arquitectónico de “Cabanon”, el chalet de vacaciones.

  • El Cabo de Ail

3,6 km, un magnífico sendero de interpretación conecta las playas de la Mala con la de Marquet. Este paseo costero de alrededor de una hora permite descubrir las riquezas de la flora, la geología y la arquitectura de las mansiones de la Belle Epoque.

  • El Cabo Ferrat

11 km de senderos en la costa (2h30 aproximadamente) para dar la vuelta al istmo de los millonarios, verdadero oasis de paz con suntuosas mansiones. No debes perderte el paseo de la Sainte Hospice (45 mn) bordeado de pinos de Alepo. Otro sendero (alrededor de 1 hora) conecta la ensenada Lilong con la playa de Passable y llega hasta el puerto de Saint-Jean por el camino du Roy que bordea la antigua propiedad del rey Leopoldo II de Bélgica. Calas y acantilados calcáreos jalonan este paseo costero con una vegetación exuberante. Dos visitas que no debes perderte en Saint-Jean-Cap-Ferrat y Beaulieu: la Villa Ephrussi de Rotschild y la Villa Kerylos.

  • El Cabo de Antibes

Un paseo costero excepcional de 2,7 km (alrededor de 1h30) a lo largo de un litoral salvaje golpeado por las olas. Bordeado de pinos de Alepo, este sendero permite descubrir la punta sur del istmo entre Antibes y Juan-les-Pins y su santuario de Notre-Dame de la Garoupe, revelando de este modo algunas de las más hermosas vistas de la Costa Azul.

  • Paseos alrededor de las islas

Cargadas de historias y leyendas, las islas Saint-Honorat y Sainte-Marguerite, situadas en la bahía de Cannes y separadas por el paso del Frioul, forman el archipiélago de Lérins. Estas islas ofrecen tranquilidad y naturaleza en un marco salvaje y preservado. A descubrir:

  • la isla Sainte-Marguerite: el pinar y el bosque de eucaliptos, el Fuerte Royal en el que estuvo encarcelada la “máscara de hierro” y el Museo del Mar.
  • la isla Saint-Honorat que pertenece a la comunidad cisterciense: el monasterio fortificado y la abadía.


El Parque Nacional del Mercantour y el Valle de las Maravillas

Último eslabón de los Alpes del Sur que se sumerge en el Mediterráneo, el Parque Nacional del Mercantour es uno de los espacios naturales de mayor riqueza de Francia continental por su biodiversidad.

Este patrimonio excepcional, que se explica por la cercanía de las montañas con el mar y las influencias climáticas a la vez mediterráneas, alpinas y continentales, confiere a este territorio un carácter de una gran diversidad que lo vuelve único.

Su riqueza biológica, el esplendor variado de sus paisajes, una naturaleza salvaje y su riqueza cultural e histórica han contribuido en gran medida a la declaración de Parque Nacional en 1979, reconocido en el mundo entero como el más alto nivel de calidad y de protección de los espacios naturales destacados.

Dos guías técnicas publicadas por el Consejo General de los Alpes Marítimos proponen una serie de recorridos para todos los niveles en zonas de media y gran altura (sólo en francés): “Randoxygène Moyen Pays” y “Randoxygène Haut Pays”.

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