La perla de cultivo de Tahití

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La perla de cultivo de Tahití pf

Poe, la perla de Tahití

“Los primeros receptáculos de luz”

La mitología polinesia habla de las perlas negras como los primeros receptáculos de luz que fueron dados por el Creador a Tane, dios del orden y de la belleza. Tane las convirtió en estrellas antes de enviárselas a Rua Hatu, dios del océano, para que iluminase su territorio. A continuación, el dios Oro, divinidad tutelar de la guerra y de la paz, las regaló a aquellas mujeres que codiciaba. Al finalizar su obra, entregó la ostra perlífera “Te ufi” a los humanos en recuerdo de su paso por tierra.

Pinctada margaritifera, variedad Cumingii

La perla de Tahití procede de la Pinctada margaritifera, variedad Cumingii. Esta ostra perlífera produce de forma natural unos pigmentos negros que dan a su nácar y a sus perlas ese color tan característico. Presente en las lagunas de los atolones polinesios, la Pinctada margaritifera mide de 25 a 35 cm de diámetro. En estado natural, vive fijada a los corales y se alimenta de plancton, de pequeños animales y vegetales que flotan en la laguna. Según numerosos testimonios, fue conocida por los polinesios mucho antes de la llegada de los europeos. Utilizaban abundantemente el nácar para fabricar armas o adornos, pero también las perlas “naturales”.

“La Reina de las Perlas”

En estado natural, una perla nace y se desarrolla cuando un grano de arena o cualquier otro pequeño elemento irritante penetra en la concha. Ésta cubre entonces el “intruso” con sucesivas capas de nácar. Este proceso que tarda años es sumamente raro. Para encontrar una perla “natural” hay que abrir de 15.000 a 20.000 ostras perlíferas… Sin embargo, a partir del siglo XIX se realizaron campañas de pesca intensiva en las lagunas de las islas Tuamotu y Gambier, no sólo para explotar el nácar sino también para encontrar las célebres perlas negras. Un tipo de perla de gran valor y gran rareza que le valió el calificativo de “Perla de las Reinas” y “Reina de las Perlas”.

La época de los pioneros

Ante la rareza de las perlas “naturales” se desarrolló una técnica de producción artificial. La invención del injerto de la ostra perlífera se debe a las investigaciones de tres japoneses a comienzos del siglo XX: Kokichi Mikimoto, “padre” de la perlicultura moderna que desarrolló la técnica, mejorada  posteriormente por su yerno Tokishi Nishikawa y por Tatsuhei Mise.

En los años sesenta del siglo pasado, Jean-Marie Domard, veterinario que trabajaba al servicio de la pesca en la Polinesia Francesa, empezó a experimentar con la Pinctada Margaritifera las técnicas de injerto utilizadas por entonces en Japón. Había nacido la perlicultura polinesia. Las primeras experimentaciones se realizaron en la laguna de Bora Bora y, más tarde, varias granjas perlíferas se establecieron en las islas de Manihi, Marutea y Mangareva. A partir de los años ochenta, la perlicultura comenzó un desarrollo espectacular. En 1976, el Instituto Gemológico de Estados Unidos reconoció la autenticidad del color natural de la perla de cultivo de Tahití. La Confederación Internacional de Bisutería, Joyería y Orfebrería (CIBJO) la reconoció oficialmente y le dio el nombre comercial de “perla de cultivo de Tahití”.

El injerto

El injerto consiste en insertar un núcleo en la “bolsa perlífera” de una ostra. Con la forma de una canica pero hecho de materia orgánica, este núcleo desempeña, en cierto modo, la función del grano de arena.
Al realizar el injerto también se introduce un trozo de tejido orgánico recortado del manto de una ostra donante. Para ello, las válvulas de la concha de la ostra a injertar son apartadas con unas pinzas. Si todo transcurre adecuadamente, el injerto formará un saco de perla y la ostra producirá capas de nácar para cubrir el núcleo y, eventualmente, producir una perla de cultivo.

La operación del injerto es un proceso muy delicado. Algunas otras rechazan el núcleo o mueren. Sólo entre el 25 y el 30% de las ostras injertadas dan perlas comercializables. La duración de la fase de perlicultura necesaria para formar una capa de nácar suficiente es de alrededor de 18 meses.

Durante los comienzos de la perlicultura polinesia, esta operación delicada y que requería una pericia perfecta era realizada por injertadores procedentes exclusivamente de Japón. Pero en la actualidad, numerosos polinesios dominan esta técnica e incluso existe una escuela de injertadores en el archipiélago de Tuamotu-Gambier.

Colecta y cultivo

La primera etapa de la perlicultura es la colecta de las huevas de ostras. Se realiza a través de unos “colectores”, en realidad unas bandas de materias sintéticas colgadas unos metros bajo la superficie de la laguna y a las se agarran que las jóvenes ostras. Estos colectores permanecen entre uno y dos años en el agua para producir unas otras de un tamaño de 5 a 10 cm. A continuación, estas ostras son atadas bajo el agua, en forma de ristra, para proseguir su crecimiento y alcanzar el tamaño necesario para ser injertadas, es decir de 9 a 11 cm. Esta nueva fase del cultivo dura de 3 a 12 meses.

Recogida

Tras el minucioso trabajo del injerto, todavía se necesitan 18 meses para tener una perla. Por lo tanto, en total son necesarios casi cuatro años de trabajo. Tras la primera cosecha también puede realizarse un sobreinjerto. Si el primer injerto ha producido una hermosa perla, esto significa que el nácar sigue con buena salud y puede soportar otro injerto, por tanto, dar otra perla. Pueden realizarse hasta cuatro injertos seguidos en un mismo nácar. Este proceso incesante que va del cultivo, del injerto a la recogida marca el ritmo de la actividad de una granja perlífera.

Diversidad y renombre

La belleza de una perla depende de un gran número de criterios: su forma, el estado de la superficie, su color, su oriente, su lustre… La perla de cultivo de Tahití se distingue por la variedad de los matices de color pero también por la gran diversidad de sus formas que van de la perla redonda, semi-redonda, anillada, barroca y semi-barroca.

Las autoridades de la Polinesia Francesa han definido cinco niveles de calidad que van de la categoría “Perfecta” a las categorías  A, B, C, y D. De 100 ostras injertadas, alrededor del 25% dará una perla comercializable pero sólo el 5% estará incluido en la categoría A. Es importante señalar que para ser comercializada como una auténtica perla de cultivo de Tahití, la perla debe presentar una capa de nácar de un mínimo de 0,8 mm.

Una notoriedad internacional

Junto con el turismo, la perlicultura es el segundo recurso económico de la Polinesia Francesa y el primer producto de exportación. Este sector y las industrias que dependen de él emplean a alrededor de 7.000 personas repartidas fundamentalmente entre el archipiélago de Tuamotu, las islas Gambier y el archipiélago de la Sociedad. La perla se ha convertido en un elemento esencial para el desarrollo de estos dos archipiélagos. La mayor parte de la producción se exporta a Asia y Estados Unidos tras unas subastas que en su mayoría se celebran en Polinesia y en Hong Kong.

Al haber adquirido una reputación mundial, la perla de cultivo de Tahití se utiliza en toda una gama de artículos que va de la pieza de colección a la joya de moda, pasando por la alta joyería y la joyería clásica. Del collar a las joyas de fantasía, la perla de Tahití se ha convertido en una gema fundamental.

En cifras

  • 9,5 toneladas de perlas brutas producidas en 2007
  • 631 granjas perlíferas en 2008
  • 5.000 empleos
  • Precio medio, al gramo, de la perla de cultivo bruta en 2007: 1.268 Francos CFP (10,6 euros)
  • Valor de las exportaciones de perla de cultivo bruta en 2007: 10.600 millones de FCFP (88,8 millones de euros)
  • Principales países de exportación: Hong Kong, Japón y Estados Unidos

Principales lugares de producción

Archipiélago de Tuamotu - Gambier (el 90% de la producción)
Atolones de Ahe, Apataki, Aratika, Arutua, Faaite, Fakarava, Gambier, Hao, Katiu, Kauehi, Kaukura, Makemo, Manihi y Marutea Sur.
Archipiélago de las islas de Sotavento (el 1,5 % de la producción)
Raiatea y Tahaa.