El tatuaje

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El tatuaje

Tatau

El origen del nombre

Dos palabras polinesias han sido adoptadas en numerosos idiomas: tapu, que es el origen de la palabra tabou en francés y tabú en español y, por supuesto, tatau. Las palabras tatuaje, “tatoo” y “tattow” (inglés antiguo) están por tanto derivadas de esta palabra tahitiana que designa la práctica consistente en grabar bajo la piel unas marcas indelebles.

Orígenes míticos

Existen multitud de leyendas sobre los orígenes del tatau. Todas ellas tienen un punto común: siempre es un dios que lo regala a un hombre. En la isla de Tahití, una de sus leyendas cuenta que los primeros tatau fueron realizados para los hijos del dios Ta’aroa, el dios supremo del panteón polinesio creador de todas las cosas. Los dioses lo enseñaron a los hombres quienes, al considerarlo sumamente decorativo, lo utilizaron abundantemente. Los dos hijos de Ta’aroa, Mata Mata y Tu Ra’i Po, se convirtieron pues en los dioses del tatuaje.

Orígenes históricos

Son bastante difusos y se remontan, sin duda, a los inicios de la civilización ma’ohi. El tatuaje probablemente ya existía entre los emigrantes llegados del sureste de Asia que poblaron a partir del siglo II a.C., mediante sucesivas oleadas, las islas de Polinesia Oriental y Occidental. Esta práctica parece haber existido en todas las islas de lo que se conoce habitualmente como el “triángulo polinesio”, una zona delimitada por la actual Polinesia Francesa, Nueva Zelanda, Hawái, Samoa, la Isla de Pascua y las islas Cook.

Practicado a gran escala, el tatuaje se encontraba bajo formas singulares en toda la Polinesia Francesa, a excepción del sur del archipiélago de las Australes así como al este de las Tuamotu. Al parecer, fue en el archipiélago de las Marquesas donde el tatuaje alcanzó su desarrollo más importante por su gran riqueza y la complejidad de los motivos.

Función en la sociedad tradicional

En la sociedad polinesia preeuropea, el tatuaje era una valiosa referencia social. Así, podía indicar la pertenencia a un territorio preciso, a una tribu, una familia y el rango en la escala social. También podía indicar la realización de ritos sociales importantes como el paso de la infancia a la pubertad, el matrimonio, etc… Podía igualmente representar hechos destacados de la vida de quien lo llevaba: actos de valentía en la guerra, proezas como cazador o pescador, etc… O, simplemente, podía tener un carácter puramente decorativo. Su uso estaba muy extendido. “El tatuaje no era una obligación, pero no hubiese sido conveniente para un tahitiano no llevar ningún tatuaje”, explica la antropóloga Anne Lavondes sobre el tatuaje en las islas de la Sociedad.

Diferentes tipos de tatuaje

Se pueden diferenciar cuatro tipos de tatuaje: los destinados a los dioses, a los sacerdotes y a los Ari'i, hereditarios y por lo tanto reservados a sus descendientes; los de tipo Hui Ari'i, reservados a los jefes (hombres y mujeres); los del tipo Hui To'a, Hui Ra'atira y Iato'ai, para los jefes de guerra, los guerreros, los bailarines, los remeros, etc.; y, por último, el tipo manahune, para las personas sin genealogía o sin ascendencia hereditaria notable.

Sagrado

Uno de los aspectos fundamentales del tatuaje era su carácter sagrado. Supuestamente heredado de los dioses, el tatuaje tenía un poder sobrenatural. Algunos motivos estaban destinados a proteger al hombre de la pérdida de su mana, la fuerza divina responsable de la salud, el equilibrio y la fertilidad, y defenderle de las influencias maléficas.

Y para el más allá

Un tatuaje también era conveniente más allá de la vida terrestre. Indeleble, por tanto eterna, “esta obra inalterable grabada en la piel sería más tarde el testimonio de su origen, de su rango y de su heroísmo al comparecer ante sus antepasados: los dioses del legendario país de Hawaiki”, explica Karl Von Den Steinen, etnólogo alemán que, de 1897 a 1898, realizó un inventario preciso de las diversas formas de expresión artística de los habitantes de las Marquesas, entre ellas el tatuaje.

Específico de cada archipiélago

Las poblaciones habían desarrollado un grafismo y unos motivos específicos. Así, el tatuaje tahitiano y el de las islas Marquesas son completamente distintos tanto desde el punto de vista gráfico como simbólico. De hecho, en el idioma de las islas Marquesas, “tatuaje” se dice “e patu tiki”, lo que significa “golpear imágenes”, una expresión reveladora. En este archipiélago, el cuerpo podía estar totalmente cubierto, incluida la cara. Por el contrario, en las islas de Sotavento, al parecer, la cara nunca se tatuaba. Por desgracia, gran parte del significado de los motivos y grafismos se ha perdido.

Las herramientas del tatuaje tradicional

Las herramientas del tatuaje tradicional estaban compuestas por un peine con dientes de hueso, escamas de tortuga o nácar, fijado a un mango de madera. Los dientes se mojaban en una tinta a base de carbón de ti’a’iri, la nuez de la India (Aleurites Moluccana), diluida en aceite o en agua. Los dientes eran colocados bajo la piel, mientras que el tatuador golpeaba el mango con ayuda de otra vara de madera, provocando la incisión de la piel y la penetración de la tinta. Con las herramientas tradicionales, la realización de un tatuaje podía ser sumamente dolorosa, lo que reforzaba su función de rito de paso.

Unos “sacerdotes” tatuadores

Responsable de esta delicada operación, el sacerdote tatuador Tahu’a Tatau, en las islas de la Sociedad, yTuhuka Patu Tiki en las Marquesas, era remunerado abundantemente y gozaba de gran consideración en la sociedad tradicional. Esta condición a menudo se heredaba de padres a hijos.

La prohibición

Desde que se establecieron de forma duradera en las islas polinesias a finales del siglo XVIII, los misioneros, tanto católicos como protestantes, lucharon contra la práctica del tatuaje. Convertido al catolicismo en 1812 y segundo “rey” de la dinastía del mismo nombre, Pomare II estableció en 1819 un código de normas en el que figuraba la prohibición del tatuaje. Era descrito como una práctica que debe ser “abolida totalmente” ya que “pertenece a las antiguas y malas costumbres”. Además, en la nueva sociedad cristianizada, dado que los polinesios debían ir vestidos, la razón de ser del tatuaje desaparecía casi por completo. En consecuencia, la gran mayoría de los motivos así como la propia técnica del tatuaje se perdieron totalmente.

El resurgimiento

A principios de los años ochenta, el tatau recuperó un lugar destacado en la sociedad polinesia con una reapropiación y un resurgimiento de esta práctica secular. Claro está, su carácter sagrado y su papel de indicador social, indisociable de la sociedad tradicional, en gran medida se ha difuminado. El tatuaje se ha convertido en el símbolo de una fuerte reivindicación identitaria polinesia. A ello se añade claro está una dimensión estética. Numerosos jóvenes polinesios se hacen tatuar en la actualidad.
Tras avanzar a tientas y realizar investigaciones para tratar de redescubrir el sentido inicial de los motivos –sentido que en muchos casos se ha perdido definitivamente- los tatuadores polinesios desarrollan hoy su arte en tres grandes direcciones: la reproducción de motivos tradicionales, la realización de motivos exclusivamente decorativos (como por ejemplo delfines o mantas raya) y, desde hace poco tiempo, algunos de ellos realizan motivos totalmente nuevos pero directamente inspirados de la tradición.

Un reconocimiento internacional

En la actualidad, hay tatuadores en ejercicio en prácticamente todas las principales islas habitadas de la Polinesia Francesa. Su reputación y la belleza de los tatau polinesios son tales que atraen a los visitantes extranjeros. Algunos tatuadores polinesios ejercen su arte en numerosas grandes ciudades del mundo, como París, Londres o Nueva York. El tatuaje polinesio ha alcanzado fama internacional por sus raíces tradicionales y su estética étnica muy en boga.