Consejos para descubrir el valle del Dordoña

  • Valle Dordoña

    Valle Dordoña

    © CRT Midi-Pyrénées / D. Viet

  • El Valle Dordoña

    El Valle Dordoña

    © CRT Midi-Pyrénées / D. Viet

  • Rocamadour

    Rocamadour

    © CRT Midi-Pyrénées / D. Viet

  • Rocamadour

    Rocamadour

    © CRT Midi-Pyrénées / P. Thebault

Consejos para descubrir el valle del Dordoña Valle del Dordoña fr

Languedoc Roussillon Midi Pyrénées debe su notoriedad a los 26 Grandes Parajes Midi-Pyrénées, de los cuales el valle del Dordoña, que atraviesa el departamento de Lot en un magnífico recorrido de 60 km. Te llevamos en un itinerario para descubrirlo y disfrutarlo, con los consejos de Christine, una bloguera experta del destino.

Hoy seguimos la estela del “río Esperanza”, como se conoce al Dordoña y te indicamos los sitios que Christine, bloguera experta del destino, te recomienda conocer en el camino.

1. Subir a lo alto del torreón del castillo de Castelnau-Bretenoux

El escritor Pierre Loti pasaba sus vacaciones en la zona y decía de él: “es algo que uno mira sin querer, desde cualquier lugar”. La masa dentada del castillo, que desde el año 1050 se alza sobre una colina boscosa, parece mandar sobre los valles afluentes del Dordoña.

Christine le encuentra un aire de castillo para una película de gran presupuesto, con todo tipo de matacanes, cortinas, torres equipadas de troneras y murallas adaptadas al combate. Sorprende el color del conjunto. ¿Rojo, corinto? Las paredes parecen quemarse con un fuego interior del que no se libran la colegiata Saint-Louis y las casas adosadas al castillo. No se trata de algo sobrenatural. Simplemente es el óxido de hierro contenido en la piedra caliza.

2. Carennac, uno de los Pueblos Más Bellos de Francia

Descendiendo la colina del castillo, cruzamos Prudhommat y giramos a la izquierda hacia Carennac. Aquí está el Dordoña vestido con una cortina de árboles. Aparece en unos destellos brillantes y rápidos procedente de los montes de Auvernia para dar al Quercy algunos de sus más bellos paisajes.

Carennac es uno de los Pueblos Más Bellos de Francia, y destacan sus casas típicas del Quercy con un color a pan ligeramente tostado, tejados cubiertos con una teja color ciruela, escaleras y terrazas que brillan con una pátina de tono vainilla.

Carennac es un verdadero caramelo, una maraña de senderos delicados pero que tienen el peso de la carne y de la historia. El pueblecito se estrecha alrededor del priorato de la orden de Cluny que le dio fortuna y renombre. Fundado en 1047 y más tarde fortificado, el priorato comunica con el insólito claustro de dos plantas, la iglesia románica decorada con un magnífico tímpano esculpido y el castillo de Doyens, donde hay que ver la exposición permanente dedicada al País de Arte y de Historia del Valle del Dordoña.

En Carennac, el Dordoña revela su naturaleza, fuerte y compleja: fuente de vida desde tiempos inmemoriales, objeto de rivalidades entre señores en la Edad Media, situando frente a frente fortificaciones y cuevas inexpugnables, primer testigo de la Guerra de los Cien Años y de la ocupación inglesa, vía comercial que incitaba a las aventuras más arriesgadas a bordo de las gabarras cargadas de sal, de peces secos o de productos de las colonias.

Al igual que nosotros, el Dordoña se demora largo tiempo en Carennac, pequeña capital de la ciruela claudia, antes de romper el corazón calcáreo de las mesetas del Lot.

3. Otros pueblos con encanto

Seguimos la corriente del Dordoña, a la sombra de los bosques, hacia esos otros pueblos cuya visita reserva en cada ocasión una hermosa sorpresa: Floirac y su inevitable iglesia, Montvalent situado frente a las escarpaduras de la meseta de Martel, Gluges protegido al pie de unos impresionantes acantilados, Creysse y su iglesia románica, Martel la ciudad de las siete torres…

4. Rocamadour: en la piel de un peregrino de la Edad Media

Proseguimos el periplo por el corazón del valle del Dordoña para no perdernos el mítico pueblo de Rocamadour y creamos ser un peregrino de la Edad Media…

Más allá de la imagen de postal, hemos descubierto Rocamadour tal y como lo hacían los peregrinos del siglo XII cuando, tras varios días de marcha, llegaban aquí para rezar a la Virgen Negra.

¿Es posible? Sí, porque este pueblo fuera de lo común, hoy Gran Paraje de Midi-Pyrénées, se ha conservado casi igual que en la Edad Media. En la Edad Media, Rocamadour era conocido en toda la Cristiandad. En la actualidad, este Gran Paraje de Midi-Pyrénées tiene un renombre internacional y atrae a un gran número de gente.

Consejo: Si quieres apreciar tranquilamente Rocamadour, evita la alta temporada estival. Elige mejor venir en primavera o en otoño. Por nuestra parte, visitamos Rocamadour un día ventoso de octubre, lo que realzaba incluso la majestuosidad del lugar.

Los peregrinos que, del siglo XII al XV, se apartaban del Camino de Santiago para ir a Rocamadour, debían quedar impresionados. Al llegar como ellos a l’Hospitalet, nuestra mirada queda atrapada por la visión vertiginosa de Rocamadour agarrado a la montaña situada en frente, en la otra vertiente del cañón del Alzou.

Imaginamos a aquellos caminantes, subyugados frente a tal espectáculo pero también deseosos de dejar sus hatillos tras haber escapado a los bandidos y vencido el cansancio que les acechaba a lo largo de todo el camino. L’Hospitalet, donde pueden verse los vestigios del hospital Saint-Jean que les acogía, era el refugio acogedor en el que podían descansar, curar sus heridas o comer antes de dedicar un momento de recogimiento ante las reliquias de Saint-Amadour y ante la célebre, la increíble, Virgen Negra de Rocamadour.

Al dejar l’Hospitalet tomamos la carretera que desciende hacia el cañón del Alzou, el “Valle Tenebroso” como se le denominaba antaño, para remontar hacia la luz de la ciudad sagrada. Franqueamos, al igual que los peregrinos, la Puerta de la Higuera y continuamos por la única calle de Rocamadour hasta la escalera monumental que conduce a la Explanada de los Santuarios.

Llegados a este punto, lo confesamos: ¡hemos subido la escalera monumental a pie, no de rodillas como lo hacían nuestros antepasados en señal de expiación.

¡233 escalones tallados en la roca! Y ahí arriba se extiende la Explanada de los Santuarios, que es como una basílica a cielo abierto, unida en una boda milenaria al acantilado que surge detrás suyo.

Claro está, no llevamos toscas ropas de lana, ni gorros que cubrían la cabeza y los hombros, ni un medallón a modo de salvoconducto para cruzar las zonas de guerra… Y sin embargo, nos sentimos llenos de humildad, como unos villanos bajo el reinado de San Luis. Alzamos la mirada respetuosamente para ver los frescos de color pintados en la roca (¡mirad, aquí está la espada de Rolando de Roncesvalles clavada en el acantilado!).

Abrimos la puerta de la capilla de Notre-Dame, principal santuario del peregrinaje. Notre-Dame de Rocamadour está justo en frente. Es una pequeña silueta de madera negra, frágil, casi infantil. ¡Data del siglo XII! Su fragilidad sólo es aparente. Los millones de oraciones que ha recibido a lo largo de los siglos, los milagros que ha logrado a través de las tierras (hasta en los mares), le confieren una fuerza y una autoridad que nos dejan sin voz.

Al regresar al l’Hospitalet, volvemos a girarnos hacia Rocamadour, que se nos aparece tal y como Víctor Hugo en persona la describió: “Irreal esplendor al superar la cuesta… Rocamadour la alta… Surge, escalando con su vehemente impulso… el salvaje cañón que lleva el nombre en su flanco”.

Related videos

 
 

Sponsored videos