Carcassonne

  • © Paul Palau

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El tren de alta velocidad entre Barcelona y Carcassonne es una razón más para descubrir una de las ciudades medievales más bellas y conservadas de Europa.
Con sus tres kilómetros de murallas y sus 52 torres que acogen al visitante desde lo alto de la colina, así como su legendario Canal construido bajo el reino del Rey Sol, Carcassonne constituye una joya inigualable del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Ciudad de Patrimonio e Historia

Cinco minutos en taxi son suficientes para llegar al pie de la fortaleza de los vizcondes de Carcassonne, la que fue en un entonces dominio del conde de Barcelona, la misma que aún conserva sus primeras murallas construidas por los romanos, testigos del paso de visigodos, sarracenos, francos, pintores románticos en busca de lugares pintorescos, las mismas que vieron tantas veces al gran arquitecto Viollet le Duc ir y venir durante su restauración del siglo XIX.

Gastronomía típica

El pueblo cuenta con tres chefs Michelin y con un sinfín de denominaciones de orígenes controladas. Los viñedos cerca de las murallas invitan a un paseo a caballo a la puesta del sol, a un encuentro con hombres y mujeres que dedican largas jornadas a la elaboración de maravillosos elixires con un saber que remonta a incontables generaciones.
Las burbujas de la Blanquete de Limoux, vino espumante lleno de historia, creación inédita de monjes imaginativos dan paso a las más esmeradas cenas románticas a la luz de unos candelabros en una bodega olvidada, bajo el follaje de los arboles que acompañan el Canal du Midi, o durante los más festivos momentos de una cena medieval.